viernes, 10 de noviembre de 2017

Un convenio firmado con cariño...

"TÚ Y YO TENEMOS UN PACTO DE AMOR"

Por Mireya Cerrillo.


Un pacto es por definición, un convenio en el que dos partes se comprometen a cumplir al ejecutar ciertas acciones.

Esta es nuestra historia:
Como todos saben, tengo la tendencia a idealizar la muerte y a ponerla a mi disposición con constantes pensamientos suicidas.

Ella, la luz de mi vida. Siente que su llama no sólo se está apagando, sino que se está extinguiendo... Y así como ella se pone nerviosa al saberme imprudente, a mí me pone muy triste la sola idea de perderla. Literalmente moriría si no la supiera en mi vida, y supongo que poniendo la relación en perspectiva, ella siente lo mismo por mi, y al fin entiendo... Y lo siento.

Con cada nueva convivencia descubrimos alguna mutua coincidencia, algún gusto recíproco o cualquier cosa en común... Y eso nos gusta.
Realmente me sorprende lo honesta y sinceras que somos la una con la otra, no hay secretos. Todo me sabe. Todo le sé. 
Y es bueno saber y sentir que hay alguien en este mundo tan peculiar, a quien puedas entregarle tu corazón y alma entera sin temor a que pueda ser destruida... Excepto: cuando me vence la desesperación y frustración, o cuando le gana la mala intuición y extrema credulidad.

Por eso, este es nuestro trato:
Yo, Mireya, me comprometo a reconciliarme con la vida. A llorar lo que no he llorado, a ser honesta conmigo, a decir y vivir mi verdad. A escribir y leer más. A no dejarme vencer por mis propios pensamientos y a renovar constantemente y cuantas veces sea necesaria, mi actitud hacia la vida y las cosas que me hacen sentir viva.

Yo, Liz, me comprometo a restablecer mi pasión por la vida, y sincerarme con los que me hacen sentir viva. A ser leal a mis verdaderos deseos de vivir, y renunciar a la falsa idea de que mi vida se acabará pronto. A no traicionar mis anhelos de envejecer con engañosa clarividencia, y estar y ser para llevar a cabo mis proyectos y ver crecer a mi familia.

Prometemos, ser fieles a este convenio por el plazo mínimo de un año. Un año en el que cerraremos ciclos que nos atrasan en nuestro crecimiento y desarrollo. Un año que irá marcado por la fuerza de un tigre de fuego y la garra de un león. Por la perseverancia y el encanto de una serpiente de madera, y por la sabiduría de saber poner todo en la balanza para: cambiar de piel, de mente, de cuerpo, de ideas y prejuicios.

La serpiente para los mayas era: sabiduría y renovación. Y aunque el tigre sea impredecible, para la cultura china significa: protección, fuerza y riqueza. Ambos presuntuosos, vanidosos, elegantes y audaces. Una vez más, ¡qué potente coincidencia!, ¡qué bella armonía!.

Hoy, nuestras auras muestran el tono turquesa como señal de la intuición, la energía, el dinamismo, la influencia y el movimiento que nos empujarán a realizar éste acertado y conveniente renacer.

Quiero resumir nuestro pacto con las bellas palabras de Ángeles Mastretta:

“Yo me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contrariada. Me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos. Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas. Y nada abreviaré que deba sucederme: ni la pena ni el éxtasis para que cuando sea viejo tenga como deleite la detallada historia de mis días.”

Y sabiéndonos mujeres de palabra, que a pesar de nuestros propios desalientos, sabemos que encontramos el consuelo y el ánimo en el cariño recíproco para decir:
 "Cuentas conmigo. Cuento contigo. Estoy aquí. Y te sé y siento aquí. No estás sola. No estoy sola. Y más allá del pacto eterno de almas que nos precede, sellamos con un tatuaje en el corazón este pacto de amor."

A los Ángeles: Gracias.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Confesión de muerte...


"Los ángeles pueden volar... Ella susurró y saltó."

                          Por Mireya Cerrillo. 


Les voy a confesar algo:
He deseado morirme hace ya bastante años,
Que no sé qué hacer con tantos pensamientos extraños.

La verdad, no sé por qué no lo hago.
Mi miedo se convierte en parálisis. 
Y entonces me quedo así:
En el estrago de mi propio análisis.

Tuve una conversación con la muerte. 
Quería que le hiciera una calaverita a cambio de que ella diera paso a que me hicieran mi esquela. Finalmente.

Se quedó pensando...
Quizás acepte. 
Mi idea es buena. 
Ya no quiero seguir luchando. 
Y ella sólo quiere tenerme. 

¿Cuál es el problema Mireya?
¿Por qué te sientes tan triste, sola e indefensa?
Porque no comprendo la vida y aún guardo secretos que me hacen daño  día a día. 

No me siento yo. ¿Quién soy, qué soy?... Me siento vacía.
Sigo sin entender de qué se trata realmente esta puta vida.

¿De amar, de ser, viajar, querer...?
Ya lo hice. Déjenme irme.
Ya no quiero sentir que sobrevivo sin ningún sentido. 
No me digan que me quieren porque por un rato, aquí me detienen. 
No me digan que me echaran de menos, cuando poco es lo que nos vemos. 
Y al final, no me entienden.

Lloro de día y de noche. 
Entre libros y sueños.
Sin ningún motivo...
Tengo deseos de desaparecer simplemente. 

No soy nada. No soy nadie.
No sé para qué respiro.
Busco algo que me irradie
y que su luz me de un giro. 

Pero ese momento es un suspiro...
Quiero más. Quiero todo. Quiero nada. 
Quiero sentir que vivo... de algún modo. Mas tengo un corazón frío.

Soy suicida de pensamiento. 
Soy mi mayor riesgo. 
La voz en mi dice: será rápido,
vete y desaparece. 

Más algo me lo impide...
pero no por mucho tiempo.
Viene la peor temporada del año. 
Y quizás en un descuide... por fin me suicide.

Sólo lamentaría no haber escuchado de sus labios un te amo sincero. 
Y hasta eso: quizá lo dijo... y oir no pude por miedo. 

Ese maldito miedo. 
No me durará por siempre...
Soy mi mayor riesgo. 
Y entre tanta duda constante,
de una cosa estoy segura:
me dejaré llevar y por favor, no pueden ayudarme, no intenten detenerme.



martes, 31 de octubre de 2017

Calaverita a Liz...


                         Por Mireya Cerrillo. 


Ella es Liz, tan llena de nostalgias
mas con una sonrisa sincera y feliz.
La Calaca la buscaba para una consulta: Quería saber sobre la psicología de la muerte. 
¿Final o inicio se cuestionaba?
Y Liz le dejó tareas para ayudarla.

La psique es algo complicado le explicaba.
Continuación de la vida tal vez...
Charlaban y debatían... y a ninguna conclusión llegaban.

La muerte se sentía confundida por su tarea de llevarse a quienes Liz más quería. Y Liz le argumentaba que esa era su misión de vida... por muy loco que sonara.

Esta vez no te quiero a ti por tus huesitos, le dijo claramente a la psicóloga.
Quiero recordarte que si bien, soy la complicada muerte... Tú ayudas a los vivos en el difícil camino a  reconocerse y por eso, aún no es momento de temerme.

Liz le preguntó por sus difuntos, y ella le dijo: "No temas. Descansan tranquilos. Te piensan, vigilan, guían, agradecen y aman."

Entre lágrimas de añoranza, la flaca le recordaba: "aquel que cura el alma, es más grande que aquel que sólo cura el cuerpo..." Así lo decía Jung... a quien la calva cariñosamente llamaba su amigo Gus...

¿Y por qué has venido a verme? dudaba Liz... Para recordarte quién soy y quién eres... 
Somos un fugaz momento... y tienes (im)pacientes a la vida renuentes... Me tientan en sus pensamientos y no es así cómo me los llevo... Por más fascinantes que sus ideas sean.

Hay una traviesa que me piensa más de lo que debe y realmente me seduce... 
Háblale de mí.
Que no se sienta indefensa. Recuérdale que estás tú para darle amor a manos llenas. Y que la vida en sí, corre por sus venas. 

Cuéntale que quizá me desea, que solo quiere conocerme, que no está peleada con la vida. Y que finalmente entiendo, somos complemento... Todo en su debido tiempo... ya vendré por ella cuando necesite quien redacte con belleza y amor mi esquela. Pues la quiero como yo: hecha con elegancia y cautela. 

Liz aún desorientada y sorprendida... Se atrevió a confesarle que sentía perdida su pasión por aquello de la psicología. Le agradecía la visita para recordarle que si bien, no sería pronto... a ella también se la llevaría. 

Entre risas La Calavera le dijo: aun no te quiero de retrato de ofrenda... Sino como tú eres: ¡Estupenda!.

Quedaron como amigas agradecidas por el encuentro.
La Chirrifusca se fue con su cerebro en su centro... Y Liz siguió con su labor de ser claridad para quienes no la sentían dentro. 

Mireya ese día pensó en ellas y les escribió esto. Un homenaje a la luz y la oscuridad de su mente...

Con cariño siempre...






lunes, 30 de octubre de 2017

La muerte y yo...




"Si quieres poder soportar la vida. Debes estar dispuesto a aceptar la muerte."

                                              Por Mireya Cerrillo.


Era domingo de descanso reparador.
Casi noche de muertos.
Noches de un raro resplandor en las que soplaba el viento como incitando a esos pensamientos de fin, que se quedaban en patéticos principios de calidad ruín.

 Mireya con perplejidad se preguntaba: ¿puede morir la muerte?
¿Quién la reemplazaría si así fuera
y quién dio vida a la muerte?

Los hombres reflexionaba, y esa necesidad de un antagónico. Ante el bien, debe haber mal, y ante la vida existe la muerte. Simple, no hay más.

Fuera como fuese: La muerte por alguna razón quizás extraña, le fascinaba.
No había intentado acercarse aún a ella. Pero cómo le llamaba: Seducirla, tentarla y pensarla la mantenía con la mente sin claridad y siempre ocupada.

La Calaca la visitaba en sueños con diferentes nombres y formas.
A veces era así encantadora: Con una belleza superior y alas como un ángel destructor, con mirada persuasiva y cuerpo castigador.
 Y otras era así: calva, risueña y esquelética. Graciosa, dentona y torpe. En esta versión no le parecía muy lista. Y quizá por eso no la tomaba tampoco en serio. Le parecía digna de una Calavera, pero jamás de un poema.
En cambio el ángel, era definitivamente un corrruptor sagaz, inspirador de esas cosas que ella llamaba: "sus letras"...

A decir verdad, con ninguno hablaba... Más de ambos se burlaba. Solo se miraban y mutuamemte se tentaban. Era un coqueteo del tipo: "yo iré a tí primero."
Y vendrás por mí porque así lo quiero. Bajo mis propios términos.

En esos silencios que mucho decían, cayó en la cuenta de que Mireya no buscaba al muerto ausente, sino aquel que en ella habitaba.
Recordó las palabras de Villoro: "el suicida ya está muerto antes de saltar."
Y ella sentía lanzarse al vacío constantemente...

Qué cosa tan intrigante eso de la muerte... Aquello de morir significaba no sentir, no sufrir. Terminar de ser. Y sin embargo: estar, sin vivir.

Quizá era sólo eso: un flirteo y un mútuo jugueteo... O tal vez era más: su más profundo deseo, y como tal, no descansaría hasta obtenerlo y hacerlo realidad:

Concluir mirándola a los ojos y decir: Aquí estoy. Aquí me tienes. Me rindo. He ganado. Yo llegué primero.
Abrázame y no me sueltes. Dame el beso último y llévame a ese lugar donde nada importa, nada afligue y nada tienes.

La Chirrifusca se reiría de mi probablemente, más el angel, sin decir más, me llevaría y finalmente hablaría: "No me iré.  No te dejo. Soy tuyo y eres mía.  Nos pertenecemos. Descansa y alcemos el vuelo..."


lunes, 23 de octubre de 2017

Amores breves....




Por Mireya Cerrillo.


Hace algunos años emprendí un viaje que me llevó a aprender la palabra: "nostalgia". En un principio la entendí como la añoranza por la distancia, por mi país y los míos. Hoy la vivo como la melancolía de los que se quedaron lejos pero que llevo conmigo siempre: por los amigos que se volvieron familia, los lugares que son recuerdos y los amores que se convirtieron en ayeres...
"La nostalgia no es lo que era..." Y la aflicción del amor primero tampoco: ¿Cómo te recuerdo ahora después de haberte querido tanto?... ¿Cómo te saludo después de tantos días de ausencia?... ¿Qué te digo hoy, cuando ya te dije: te quiero?... ¿Cómo es tu cuerpo después de haber desnudado tu mente?... ¿Y por qué me buscas ahora, y resuenas en mí?...

Todos tenemos ese amor secreto, intenso, y breve... que nos hará preguntarnos mil y una veces: ¿qué hubiera pasado si todo hubiera sido diferente...?
La respuesta es simple: no escribiría estas lineas y no sentiría las huellas de ese amor primero. 

¿Sabes? He amado un par de veces más después de ti. A cada uno en su especial momento y con todo este corazón que late con fuerza y con miedo. ¿Qué tienen en común Uds. tres?: Todos lejanos, todos ausentes. Me han dicho te quiero. Me han dicho te extraño... y se extinguieron de repente. Ninguno cree en el amor. Los tres se sienten decepcionados. Y yo he pagado las consecuencias de sus inseguridades y amores pasados y rotos. ¡Qué conveniente!

¡Y cuánto les he querido! ¡Y de qué manera me he entregado! Quizá por eso llevo un vacío en el pecho. De tantos quereres no correspondidos. Cargo un beso con sabor a silencio. Y un abrazo hueco y desocupado.

Los recuerdo en una ciudad para cada uno, tan diferentes y tan iguales. Con una tregua que evoca algarabías de nosotros, y tristezas aún plenas de escombros.

Escribía el poeta Fernando Celada: "Ausencia quiere decir olvido, decir tinieblas, decir jamás... Ausencia quiere decir nublado, pues no hay peor infierno que haberse amado..."

Gracias porque les debo lo que soy en el amor. Antepasados a mis ilusiones rotas y sonrisas huídas.
Son recuerdos en el viento...la dicha no conseguida... y el sin sentido a esa sed que por Uds. ardía. 

¿En dónde yacen mis profundos anhelos? En la incredulidad de que nos encontramos sin verdaderamente hallarnos.


sábado, 30 de septiembre de 2017

Cumpleaños ¿feliz?...





Por Mireya Cerrillo.

Hace 3 meses escribí mi última entrada en el blog... A veces pienso que escribir es una tarea inútil. Sin embargo, sé que es la única manera en la que puedo expresar todo lo que siento sin importar si me leen o no. Simplemente necesito volcar mis emociones en algún lado...

Ayer fue mi cumpleaños, y en comparación a años anteriores fue uno muy diferente. Este no lo esperé con la emoción de siempre, y mucho menos con los festejos que han marcado otros cumples... No es que sea relevante para todos, pero para mí es más importante mi cumple que Navidad o cualquier otra celebración.

Un cumpleaños de por sí ya marcado por los sismos recientes, y un día que desde temprano empezó raro...

Creo que la razón principal por la cual me gustaban mis cumpleaños, es porque una vez al año se te permite ser el centro de atención de tu pequeño mundo. Y en esta ocasión no fue así. 

Lo más irónico es que cuando son los cumples de otras personas que me importan y a quienes quiero, yo me desvivo en detalles y cariño... Pff! Una vez más, queda comprobado que damos lo que necesitamos... ¡Mireya necesita detalles. Mireya necesita cariño...!
¿Es tan difícil comprenderlo Mireya? Que no todos son tú. . . y que quizá no te dan nada porque ellos no necesitan nada... ¡Qué egoísta eres por pensar sólo en tí el día de tu onomástico!

Aunado quizá a la anhedonia otoñal o a la depresión que me da saberme aún en este mundo, pues tampoco pensé o quería llegar a cumplir 31, y el miedo aquí me tiene. Porque ahora sé que el miedo me mantiene en ésta parálisis de vida.

Más siempre hay personas que te hacen pasar un buen día a pesar de sus propias circunstancias.  Personas que te regalan una sonrisa, un abrazo y excelente compañía.
Personas que de verdad son únicas... que son como he dicho desde un principio... ángeles terrenales. Personas que dan luz en medio de momentos oscuros. Luz de Liz la llamo... Y a ELLA le agradezco el SER y ESTAR siempre conmigo y para mi. Y el hacerme sentir por 1000 el cariño que en otros siento ausente. . .

Quizá no haya sido el más feliz de los cumpleaños... ni tampoco el mejor de los días, pero por unas horas... fui feliz.

miércoles, 10 de mayo de 2017

No tengo madre...




Por Mireya Cerrillo.

Dentro del folclor mexicano existen diferentes connotaciones para la palabra Madre. Por ejemplo, no tener madre tiene una fuerza expresiva tal que además de significar que algo no tiene comparación, también declara que se es muy "chingón" en algo.

Bueno, hoy es Día de la Madre y quiero decirles que #NoTengoMadre. Y si bien hace tiempo que así lo siento, hasta hoy lo confieso.
De manera literal no tengo madre, pues en muchas cosas puedo creer (y que conste que hago hincapié en la idea de creer) que soy muy buena. Sin embargo, es muy difícil sentirse hija de alguien que constantemente descalifica todo lo que soy y lo que hago.

Quizá sea una mal agradecida... no lo sé. Pero a veces desearía venir de otro vientre. De uno más comprensivo y que me aceptara tal cual soy. Con todas mis malas palabras pero también con este humor negro y ácido a veces. Con todos mis defectos y virtudes. Con todas mis tristezas y melancolías y momentos de risa simple y desacertada.
Con mi concepto de libertad y libertinaje. Y sin todos esos prejuicios que le impiden verme con más amor y por ende: aceptación.

Sí, quizá aquello de lo que carezco es lo que más intento dar: amor desmedido y comprensión. Y quizá también falle en el intento.
No me mal interpreten, no es que no quiera a mi madre. Después de todo ella me dio la vida. Pero es bastante complicado sentirse agradecido con alguien que te reprocha constantemente todo lo que ha hecho por ti.

A ver si nos entendemos, ¡Claro que tengo madre! Una que me ha educado y guiado dentro de su mejor entendimiento. Sin embargo, hoy no me siento orgullosa de ser su hija. Hoy me siento anulada. No vamos a entrar en detalles de las palabras que hoy siento me han lastimado y que por supuesto también he respondido a manera de ofensas... Nos hemos perdido el respeto.

No sé si algún día yo también daré a luz y criaré a otro ser humano, la verdad es que la sólida idea me aterra e inmediatamente me descalifico para siquiera intentarlo. Tener un hijo me parece un acto egoísta, una manera errónea de trascender y de buscar  un significado o un motivo a la vida. Y miren que esa es mi pregunta permanente: ¿qué madres hago yo aquí?. (¡Qué ironía!)
¿Los hijos somos un préstamo? ¿Los guardianes de nuestros padres cuyo "coraje" y "determinación" nos hizo estar aquí? ¿Realmente somos la luz de la vida de nuestras madres? 
No lo creo. Repito, somos seres egoístas y traer un hijo al mundo sin conocimiento pleno de lo que representa "dar vida", es una total irresponsabilidad. "DAR VIDA", realmente inspirar a VIVIRLA. 

Pero supongamos que me despierta ese "instinto maternal" y traigo a un hijo al mundo. A este mundo tan carente de empatía y falto de oportunidades. A este lugar donde crecer está permitido pero ser grande es un privilegio negado a muchos. A este mundo donde los recursos poco a poco se acaban y la competencia aumenta... (no me proyecto, soy realista).

Un hijo... Ser madre... Pff! Y eso sin mencionar lo caro que pueden resultar. ¿Realmente lo valen? Muchas madres dirán que sí, pero estoy segura de que muchas otras también estarán de acuerdo conmigo aún ya con hijos.

Bueno, mi pregunta es: ¿realmente todas las mujeres desean ser madres y tener un bebé? Yo hoy y ahora, No. Y no creo que el instinto maternal sea algo innato, sino más bien una preferencia.

Y quizá por expresar lo que realmente pienso y siento, muchas mujeres me juzguen... Incluida por supuesto mi madre. Tal vez madure un poco más la idea y puede ser que cambie de opinión. De momento, prefiero ser tía, la versión "light y cool" de ser Madre.

En fin, hoy me siento huérfana. Hoy No tengo Madre.


lunes, 8 de mayo de 2017

Game Over...

"Esto no se puede llamar vida si todos los días te duermes deseando no despertar jamás."


Por Mireya Cerrillo.

¿Qué harías si supieras que vas a morir pronto?...¿a quién besarías?, ¿qué harías una vez más?...


Toda tu vida ha sido planeada. Cada decisión. Cada vestimenta. Cada lugar visitado ha sido perfectamente previsto con antelación.



Y a ti te queda una sola decisión por tomar. La más importante. ¿Cómo y cuándo vas a morir?

¿Estás listo?...
Esta es una de las muchas justificaciones que puedo encontrar para el suicidio.
El poder de decidir de qué manera vas a dejar este mundo después de que toda tu vida ha sido creada a expectativas de los demás.

Hay días y por supuesto noches, en que ésta idea es mucho más fuerte, y realmente hago un esfuerzo magnánimo por hacer caso omiso a mis más oscuros pensamientos. Y más por encontrar un motivo para descalificarlos. Uno solo. 

Pero no lo encuentro. Al contrario, se fortalece y se hace más grande. Es un deseo.
Desde que tengo 13 años lo he sentido. No quiero vivir. No sé de qué trata la vida. No le encuentro significado. No me es suficiente.
Me siento sola y triste todo el tiempo. Y alguien de mi edad y con mi inteligencia no debería sentirse así tantos días al año. Esto no es vida.

Había alguien que me ataba, ya no. No sé qué ha pasado o qué ha cambiado, pero nada me ata a este mundo. Ni nadie. Absolutamente nada ni nadie. Menos hoy.

Tengo el poder de decidir por una vez en mi vida algo que es importante para mi. La única respuesta pendiente ya no es cómo, sino cuándo... cuando menos se lo esperen.

Game over.




miércoles, 12 de abril de 2017

Muero...

"Mientras pensaba que estaba aprendiendo a vivir, he aprendido cómo morir." Leonardo Da Vinci.

Por Mireya Cerrillo.

Cuando digo la palabra muero, ya no vivo este momento.
Cuando pienso que respiro y siento...
me sé extraña en este afecto.

¿Qué es vivir? Ese constante desconsuelo.
Ese suspiro entre beso y beso,
y una caricia que grita deseo.

Sin embargo, muero.
Muero porque morir quiero.
Porque esta vida no comprendo
y no hay remedio para este loco amor sin dueño.

Muero porque es lo único certero.
Porque en este corazón viajero
vive un espíritu triste, soñador e inquieto.

Muero porque la desolación ya no es secreto.
No hay fuego en mi alma, sólo silencio.
Llueve y se rompe el cielo.
Muero con la magia de lo esotérico.

Escribo la palabra muero
y dejo mi vida en el tintero.

Escribo.
Lloro.
Escribo porque sino de verdad me muero.


lunes, 10 de abril de 2017

Trocito de cielo...

"Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... ¡Yo no sé que te diera por un beso!".
Gustavo Adolfo Bécquer.

Por Mireya Cerrillo.

Siento que miento...
Siento que muero...
Que nada de esto merezco.
Y que todo a veces es un engaño y un juego.

Me abrazan otros brazos y algo falta.
Es nuestra complicidad en una mirada.
La talla perfecta de nuestras manos.
Tus dedos y los míos entrelazados.
Eso que sólo tú y yo compartimos y lo sabemos.

Alguien más me mira y tú no te percatas.
Otros labios quieren besarme, me desean...
y sin embargo yo... sólo por tí siento estas sonatas.
Eres la música y poesía que me atrapa.

El calor de otro me sofoca...
pues sólo tu temperatura me provoca.
Mientras otros me incitan al pecado,
tu amor hacia mí es limitado.

Siento cosas distintas y extrañas,
la diferencia de otro cuerpo.
¡No me gusta!, lo confieso.
Pero sienta bien saberse deseada.

No se cómo explicarlo.
Caricias nuevas en las entrañas.
Pero mi deseo, ese fuego que llevo dentro,
sólo por tí lo siento.

Y sin embargo, me dejo abrazar por otros brazos.
Porque tú me apartas y me siento echa pedazos.
Busco tus labios y un pequeño beso es suficiente para tocar el cielo.
Sí. Un trocito de cielo...

Eso eres... y quizá me equivoco en quererte así demasiado.
¿Qué hago entonces con todos estos sentimientos sin consuelo?
Si no hay seguro de vida para estos sueños,
me quedo en las nubes, con ilusiones sin dueño, llena de miedo.

Te vuelves mi gloria y mi pena.
Y yo fugitiva de mis propios anhelos.
Con el alma desordenada,
y el corazón triste y enmarañado.

Escribo:
Un cachito de cielo.
Un beso. Un secreto.
Un abrazo y un te quiero.
Algo tan breve... así, casi eterno.