miércoles, 10 de mayo de 2017

No tengo madre...




Por Mireya Cerrillo.

Dentro del folclor mexicano existen diferentes connotaciones para la palabra Madre. Por ejemplo, no tener madre tiene una fuerza expresiva tal que además de significar que algo no tiene comparación, también declara que se es muy "chingón" en algo.

Bueno, hoy es Día de la Madre y quiero decirles que #NoTengoMadre. Y si bien hace tiempo que así lo siento, hasta hoy lo confieso.
De manera literal no tengo madre, pues en muchas cosas puedo creer (y que conste que hago hincapié en la idea de creer) que soy muy buena. Sin embargo, es muy difícil sentirse hija de alguien que constantemente descalifica todo lo que soy y lo que hago.

Quizá sea una mal agradecida... no lo sé. Pero a veces desearía venir de otro vientre. De uno más comprensivo y que me aceptara tal cual soy. Con todas mis malas palabras pero también con este humor negro y ácido a veces. Con todos mis defectos y virtudes. Con todas mis tristezas y melancolías y momentos de risa simple y desacertada.
Con mi concepto de libertad y libertinaje. Y sin todos esos prejuicios que le impiden verme con más amor y por ende: aceptación.

Sí, quizá aquello de lo que carezco es lo que más intento dar: amor desmedido y comprensión. Y quizá también falle en el intento.
No me mal interpreten, no es que no quiera a mi madre. Después de todo ella me dio la vida. Pero es bastante complicado sentirse agradecido con alguien que te reprocha constantemente todo lo que ha hecho por ti.

A ver si nos entendemos, ¡Claro que tengo madre! Una que me ha educado y guiado dentro de su mejor entendimiento. Sin embargo, hoy no me siento orgullosa de ser su hija. Hoy me siento anulada. No vamos a entrar en detalles de las palabras que hoy siento me han lastimado y que por supuesto también he respondido a manera de ofensas... Nos hemos perdido el respeto.

No sé si algún día yo también daré a luz y criaré a otro ser humano, la verdad es que la sólida idea me aterra e inmediatamente me descalifico para siquiera intentarlo. Tener un hijo me parece un acto egoísta, una manera errónea de trascender y de buscar  un significado o un motivo a la vida. Y miren que esa es mi pregunta permanente: ¿qué madres hago yo aquí?. (¡Qué ironía!)
¿Los hijos somos un préstamo? ¿Los guardianes de nuestros padres cuyo "coraje" y "determinación" nos hizo estar aquí? ¿Realmente somos la luz de la vida de nuestras madres? 
No lo creo. Repito, somos seres egoístas y traer un hijo al mundo sin conocimiento pleno de lo que representa "dar vida", es una total irresponsabilidad. "DAR VIDA", realmente inspirar a VIVIRLA. 

Pero supongamos que me despierta ese "instinto maternal" y traigo a un hijo al mundo. A este mundo tan carente de empatía y falto de oportunidades. A este lugar donde crecer está permitido pero ser grande es un privilegio negado a muchos. A este mundo donde los recursos poco a poco se acaban y la competencia aumenta... (no me proyecto, soy realista).

Un hijo... Ser madre... Pff! Y eso sin mencionar lo caro que pueden resultar. ¿Realmente lo valen? Muchas madres dirán que sí, pero estoy segura de que muchas otras también estarán de acuerdo conmigo aún ya con hijos.

Bueno, mi pregunta es: ¿realmente todas las mujeres desean ser madres y tener un bebé? Yo hoy y ahora, No. Y no creo que el instinto maternal sea algo innato, sino más bien una preferencia.

Y quizá por expresar lo que realmente pienso y siento, muchas mujeres me juzguen... Incluida por supuesto mi madre. Tal vez madure un poco más la idea y puede ser que cambie de opinión. De momento, prefiero ser tía, la versión "light y cool" de ser Madre.

En fin, hoy me siento huérfana. Hoy No tengo Madre.


lunes, 8 de mayo de 2017

Game Over...

"Esto no se puede llamar vida si todos los días te duermes deseando no despertar jamás."


Por Mireya Cerrillo.

¿Qué harías si supieras que vas a morir pronto?...¿a quién besarías?, ¿qué harías una vez más?...


Toda tu vida ha sido planeada. Cada decisión. Cada vestimenta. Cada lugar visitado ha sido perfectamente previsto con antelación.



Y a ti te queda una sola decisión por tomar. La más importante. ¿Cómo y cuándo vas a morir?

¿Estás listo?...
Esta es una de las muchas justificaciones que puedo encontrar para el suicidio.
El poder de decidir de qué manera vas a dejar este mundo después de que toda tu vida ha sido creada a expectativas de los demás.

Hay días y por supuesto noches, en que ésta idea es mucho más fuerte, y realmente hago un esfuerzo magnánimo por hacer caso omiso a mis más oscuros pensamientos. Y más por encontrar un motivo para descalificarlos. Uno solo. 

Pero no lo encuentro. Al contrario, se fortalece y se hace más grande. Es un deseo.
Desde que tengo 13 años lo he sentido. No quiero vivir. No sé de qué trata la vida. No le encuentro significado. No me es suficiente.
Me siento sola y triste todo el tiempo. Y alguien de mi edad y con mi inteligencia no debería sentirse así tantos días al año. Esto no es vida.

Había alguien que me ataba, ya no. No sé qué ha pasado o qué ha cambiado, pero nada me ata a este mundo. Ni nadie. Absolutamente nada ni nadie. Menos hoy.

Tengo el poder de decidir por una vez en mi vida algo que es importante para mi. La única respuesta pendiente ya no es cómo, sino cuándo... cuando menos se lo esperen.

Game over.




miércoles, 12 de abril de 2017

Muero...

"Mientras pensaba que estaba aprendiendo a vivir, he aprendido cómo morir." Leonardo Da Vinci.

Por Mireya Cerrillo.

Cuando digo la palabra muero, ya no vivo este momento.
Cuando pienso que respiro y siento...
me sé extraña en este afecto.

¿Qué es vivir? Ese constante desconsuelo.
Ese suspiro entre beso y beso,
y una caricia que grita deseo.

Sin embargo, muero.
Muero porque morir quiero.
Porque esta vida no comprendo
y no hay remedio para este loco amor sin dueño.

Muero porque es lo único certero.
Porque en este corazón viajero
vive un espíritu triste, soñador e inquieto.

Muero porque la desolación ya no es secreto.
No hay fuego en mi alma, sólo silencio.
Llueve y se rompe el cielo.
Muero con la magia de lo esotérico.

Escribo la palabra muero
y dejo mi vida en el tintero.

Escribo.
Lloro.
Escribo porque sino de verdad me muero.


lunes, 10 de abril de 2017

Trocito de cielo...

"Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... ¡Yo no sé que te diera por un beso!".
Gustavo Adolfo Bécquer.

Por Mireya Cerrillo.

Siento que miento...
Siento que muero...
Que nada de esto merezco.
Y que todo a veces es un engaño y un juego.

Me abrazan otros brazos y algo falta.
Es nuestra complicidad en una mirada.
La talla perfecta de nuestras manos.
Tus dedos y los míos entrelazados.
Eso que sólo tú y yo compartimos y lo sabemos.

Alguien más me mira y tú no te percatas.
Otros labios quieren besarme, me desean...
y sin embargo yo... sólo por tí siento estas sonatas.
Eres la música y poesía que me atrapa.

El calor de otro me sofoca...
pues sólo tu temperatura me provoca.
Mientras otros me incitan al pecado,
tu amor hacia mí es limitado.

Siento cosas distintas y extrañas,
la diferencia de otro cuerpo.
¡No me gusta!, lo confieso.
Pero sienta bien saberse deseada.

No se cómo explicarlo.
Caricias nuevas en las entrañas.
Pero mi deseo, ese fuego que llevo dentro,
sólo por tí lo siento.

Y sin embargo, me dejo abrazar por otros brazos.
Porque tú me apartas y me siento echa pedazos.
Busco tus labios y un pequeño beso es suficiente para tocar el cielo.
Sí. Un trocito de cielo...

Eso eres... y quizá me equivoco en quererte así demasiado.
¿Qué hago entonces con todos estos sentimientos sin consuelo?
Si no hay seguro de vida para estos sueños,
me quedo en las nubes, con ilusiones sin dueño, llena de miedo.

Te vuelves mi gloria y mi pena.
Y yo fugitiva de mis propios anhelos.
Con el alma desordenada,
y el corazón triste y enmarañado.

Escribo:
Un cachito de cielo.
Un beso. Un secreto.
Un abrazo y un te quiero.
Algo tan breve... así, casi eterno.

lunes, 20 de febrero de 2017

Sin protección...

"La vulnerabilidad siempre se encuentra en el corazón de quien ama." Leo Buscaglia.

Por Mireya Cerrillo.

Aquí me tienes otra vez: vulnerable ante ti, sin protección.
Desnuda por completo en lo que soy.
Así: con todo y sin nada.
Cuestionando todo lo que siento, merezco y pienso.
¡No hay razón! ¡Sólo sentimientos que no entiendo!
No comprendo. 
Me vuelvo frágil y débil.
Preveo lo peor, y aún así me quedo.
Insegura como siempre...
¿Por qué te quiero tanto? 
No necesito muchas respuestas.
Porque sí y eso me basta.
¿Sabes? No eres tú quien me pone en esta situación tan endeble.
Soy yo quien no se siente lo suficientemente fuerte.
Para decir no, para dar la vuelta, para no quererte y quererme.
Vacilante a cada paso, hesitando cada latido, beso y abrazo...
Tu desnudez me sorprende... como todo lo que tú eres.
Indefensa me sabes y quizá me proteges.
Un abrazo lo cambia todo. Un beso en la frente y algo de certeza me devuelves.
Complicidad renovada.
¡Sin censura! me adviertes.
Sin etiquetas, sin compromiso... mas que esa delicada promesa de querernos.
Y el riesgo de compartir una intimidad pasional con la persona amada. 
Con el cielo en una mirada.
Y el infierno en esta emboscada.
Tú. Yo.
Sin ton ni son.
Sin protección.

jueves, 16 de febrero de 2017

Augurio...

"Eres vaticinio de luz"

Por Mireya Cerrillo.

Al unísono escribo versos sobre nuestros silencios.
Con alma desnuda describo el calor de nuestros besos.
En las sombras de nuestros miedos,
dejo atrás cualquier conjetura y credo.

Llevo el presagio de nostalgias prestadas.
Secretos inconfesos.
Utopías de instantes.
Ilusos sueños.

Tengo un presentimiento.
Te intuyo cercano, te siento sereno.
Respiro tu aliento y paciente espero.
Esa mirada es el límite de mi deseo.

Augurio:
eres la vida soñada de una muerte deseada,
o la vida anhelada de una muerte soñada.
Esa quimera constante,
el ocaso de un misterio.

Entre la bruma,
en medio de todo y de la nada.
Eres profecía
del temporal que envuelve mi alma.

En el cielo, en las estrellas,
Leo y no comprendo.
Señales secretas,
y nada entreveo.

Sólo una sospecha.
Llegan los vientos.
Me envuelven con recuerdos.
Y de nuevo ese temor me acecha.

Eres vaticinio de luz suave, tenue y discreta.
Eso que me incita y me inquieta.
Anuncias fuego. Todo despiertas.
Confirmas que de fulgor me tienes repleta.

Mi predilección.
Mi perdición.
Mi predicción.
Mi previsión.

Augurio.

martes, 14 de febrero de 2017

Preludio a San Valentín...

"El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada." Gustavo Adolfo Becquer.

Por Mireya Cerrillo.

En la noche previa al día de los enamorados, trato de escribir versos.
Pido por un amor sin miramientos y un enamorado hambriento.
De mi. Con sed de mi. Con ganas de mi.
Eso le rezo a San Valentín.

Tengo un cuerpo con las huellas de otras manos,
y unos labios por otros usurpados.
Un corazón sin dueño
y estos besos solitarios.

Pero en mi corazón late un recuerdo
de un cariño que no olvido.
Habita en mí como un hechizo,
una magia que más no atisbo.

Ilusionada: eterna enamorada.
Así me llaman: poeta embobada.
Y tú: un rufián. Un ladrón de mis caricias,
un bribón con un toque de malicia.

Dulce y quimérico. Así es el amor que siento.
Amargo y fantástico. Así es el amor que me das.
Burlada y despreciada. Amor sin sustento.
Me pregunto: ¿cuánto me querrás?.

Amor sin medida.
Amor sin mentiras.
Amor sin suspiros.
Amor sin respiro.

Te quiero, dijiste.
Te amo, expresé.
Te deseo, convenimos.
Y en el mismo anhelo nos perdimos.

Y quizá si nos encontramos.
Si decidimos coincidir.
Entonces podamos amarnos.
Sin precisar de San Valentín.




lunes, 6 de febrero de 2017

Oda al desasosiego...

"Los corazones son tan pesados cuando se vacían ..."
Por Mireya Cerrillo.

No quiero verte. 
No quiero saber de ti.
Quiero enterrarte en lo más profundo y no escuchar tu voz jamás.
Tengo un corazón vacío. Envenenado.
Una mente desenfrenada y una necesidad de abrazo que no puedo complacer.
Una soledad adolorida, castigada y llena de nostalgia.
Eres la voz del desamor y el desespero.
Eso oscuro dentro de mí.
El enigma y el desasosiego.
La que me dice: "no puedo", "no quiero".
Y te creo.
Cada vez. Con cada lágrima, con cada sollozo de desaliento me recuerdas que aquí no pertenezco.
Y exaspero. Me siento frustrada conmigo y sólo quiero desfallecer.
Ceder a ti, a tu encanto y a tu palabrería. 
Gritas fuerte. Te haces presente.
Estás ahí y sólo yo puedo escucharte. Sólo yo puedo detenerte.
Eres estruendo. Eres alboroto. Eres a veces: inocencia y traslado.
Eres deseo. Eres el silencio eterno.
Y te escucho aunque no quiera.
Y te desobedezco a regañadientes.
Pero ahí estás... te veo y te siento.
Y quisiera que fueras una mentira, una simple conjetura.
Eres quimera. Eres engaño.
Todo lo que quiero. Eso eres.
Y por un día. Sólo un día, intento no escucharte.
Pero eres más fuerte. Te pertenezco.
Y así, de un hilo tienes suspendida mi vida.
Y aunque respiro. Aunque siento. Aunque veo...
Todo es negro y frío y sé que por dentro una vez más he muerto en secreto.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Quiero...



"Nada en esta cochina vida vale dos duros si no tienes alguien con quien compartirlo." Carlos Ruiz Zafón

Por Mireya Cerrillo.

Quiero apropiarme de tu historia. De cada anécdota vivida y de los detalles que aún de ti desconozco.
Quiero conocer tus relatos. Saber tu pasado y escribir contigo los pormenores de nuestra existencia.
Quiero que me cuentes cuándo te hiciste esa herida, quién te lastimó, por qué no te gustan ciertas cosas y entender cómo eres quien eres.
Quiero saber de ti. 
Quiero ser partícipe de ti.
Compartir contigo es mi momento preferido. Hablar. Comprender. Reír. Llorar. Bromear.
Desenterrar secretos y discernir nuestros miedos.
Así hemos construido complicidad, parte esencial de la amistad. Es una muestra de fidelidad y una promesa de mutuo entendimiento.
Tú me escribes: "Sabes que no te dejaría".
Y yo pienso: "Ya me dejaste una vez."
Tú me dices: "Quiero estar contigo".
Y yo respondo: "Aquí estoy."
Tú me pides ir poco a poco y yo... Yo no sé lo que en ti provoco.
¡Quiero más!. Lo quiero todo. 
Tiempo y paciencia. Pues aunque no sepa medirlo, esperarte es mi delirio.
Porque de todo lo que quiero. Lo que más quiero: es a ti.

domingo, 22 de enero de 2017

Un día de tantos...

"Take your broken heart and turn it into art." Carrie Fisher via Meryl Streep.

Por Mireya Cerrillo.


Hoy no es un buen día. Es uno de esos en los que todo sabe a aflicción y la desolación no alcanza. No quería empezar así el año, escribiendo cosas tristes. Pero citando a Carrie Fisher en el increíble discurso de Meryl Streep: "Toma tu corazón roto, y conviértelo en arte."
Así que eso intento.

Una poesía vacía.
Un día lleno de sueño.
Una palabra para la melancolía.
Y un beso que se quedó sin dueño.

Es algún domingo de Enero.
Duermo y desaparezco.
Quisiera entender el silencio.
Quisiera decir: hoy no pienso. No siento.

Intenso inicio de año.
Tenso como esos secretos.
El daño ya esta hecho.
Nada es aún concreto.

No entiendo del todo
lo que esconde tu mirada.
Una cosa sí está clara:
entre ausencias encontraré el modo de descifrarla.

No soy ajena al miedo que te siembra,
yo también tiemblo y no comprendo.
Es un amor que hiela y condena.
Somos nosotros. Uno del otro vamos huyendo.

Tú con esa sonrisa descarada.
Yo con esta lágrima descontrolada.
¿Qué hacer con este desequilibrio de emociones?
Entender que del amor somos simples bufones.

Quiero aferrarme a todo lo que en mí despiertas:
a estas ansias de vivir y sentir, y ser, y compartir.
Más tu insistes en un tipo de soledad acompañada,
en estar conmigo, sin mi.

Y lloro. Y escribo. Y quizá vuelva a sonreír.
Y poetizo e imagino que todo es digno de vivir.
Pero un efímero momento basta para hacerme desistir:
e imaginar mi muerte sin más qué decir.

¡Ah la vida!... La irremediable agonía de existir.
¡Ay el amor!... el insalvable sentimiento de los mortales.
Este escribir... quizá sea la única manera de permanecer.
Y tú y yo... lo que me conecta al deseo de insistir.