domingo, 18 de marzo de 2018

Violencia de género...

"Que el miedo no te impida denunciarlo, pues si te maltrata y no haces nada, estás dejando que lo haga." Anónimo.


Indignada de nuevo, me siento insultada como muchas de mi género.

Me siento enfadada de saber que ni a beber o al gimnasio salir puedo, porque represento un fácil blanco para los hombres que van buscando sexo no consensuado o de a perdida, "haberla matado". Y si vivo o muero, no sólo la sociedad me critica y juzga diciendo todo aquello que según ellos, "hacer no debo".
Me entristece saber que soy una estadística de la violencia de género: porque me hieren, me engañan, me aplican la ley del hielo, me ridiculizan y ofenden, humillan y amenazan.... Mi hermano mayor me golpea jugando, he sido aislada y también abusada física, psicológica y sexualmente. Violada y ultrajada.
Y si según el violentómetro estoy en el número 27, estoy también a 3 de ser asesinada.
Debo decir la verdad, no es la muerte la que me espanta, es pensar que mis padres no volverán a verme ni siquiera para despedirse dignamente y que sepan que si bien tal vez morí, mi cuerpo sea un ejemplo más de una lucha que como tantas también perdí.
O quizá logre escapar de mi agresor y de cualquier manera, ser juzgada por una sociedad que piensa: que no debo andar sola, ni vestir tan singularmente, y mucho menos, salir de noche tal y como están las cosas. Ese no es el problema, el conflicto o el dilema es cómo pensamos en conjunto como sociedad, sin hacerlo "un inconveniente" de todos ni buscar soluciones que nos beneficien a aquellas que vivimos con miedo en el corazón y la mente.
Porque sí, admito que tengo pavor de sentirlo tan cercano, no sólo en mi pequeño gran círculo de mujeres que también se han visto insultadas y vejadas. Pues no se trata de una mas o una menos, sino de gritar: "Ni un victimario más". Los queremos lejos de nosotras, de todas y cada una. ¡Vivas nos queremos! Esto no es un juego. Es algo bastante serio, pues debemos vivir sin miedo, sino con ilusiones y sueños.
Todas tenemos una marca cuando una de nosotras es maltratada. ¿Tú cuántas tienes? Si es que las has contado, dime ciudadano: ¿hasta cuándo?, ¿Cuántas más o cuántas menos?
Decía Elie Wiesel: "Ante las atrocidades debemos tomar partido. La posición neutral ayuda siempre al opresor, nunca a la víctima." Y en la violencia de género no hay solo una víctima, sólo crueldades incontables. ¡Basta YA gritamos! ¡Vivas nos queremos! Es oficial y hay que hacerlo viral.
¡Queremos alerta de género!, pero también la seguridad de que podemos caminar solas a cualquier hora, sentir que hay luz entre tanta oscuridad de desasosiego, que hagan y hagamos algo os lo ruego.
Por mí, por ti. Por tu prima, sobrina, abuela, esposa, hermana, tía y aquella mujer que te dio la vida para poder vivirla sin temor, sino para que cumplieras metas risueñas y tomarás el riesgo de crecer, no de caminar pensando: " a ver si regreso". ¿O acaso no tienes madre? Te pregunto porque sinceramente no me cuadra tanto desmadre.
Por ellas y por nosotras, es que simplemente no concibo este sangrerío ni esta fuga de cerebros, porque quiero pensar que de pequeñas aprendimos a que no está bien vivir con pavor. Al contrario, hay que vivir con amor y humor, al menos eso a mí me enseñaron y lo mismo quiero para las mujeres que no se doblaron y continúan luchando. Por mis sobrinas que están creciendo y que no quiero que sientan miedo.
¿Cuándo entenderán, que no se trata de feminismo contra machismo? Sino de igualdad, equidad y respeto a nuestros básicos derechos.
¡Vivas nos queremos!, ¡Vivas nos queremos!, ¡Vivas nos queremos!...


DIARIO DE UNA PRINCESA REBELDE (PARTE II)

"La desobediencia es mi alegría." Princesa Margarita.


CAPITULO II
Por Mireya Cerrillo.

Quizá nuestra princesa guardaba muchos sentimientos, pues en el camino se encontró con la belleza de un majestuoso volcán no muy lejano a su reino. Observó que cada determinado tiempo, el volcán vaciaba su frustraciones y enojos en forma de fumarolas y ceniza o incluso de lava que inflama, como las palabras hirientes al decirlas.
En su viaje, también aprendió que la lluvia moja, pero puedes cantar debajo de ella, que la nieve hiela, pero puedes jugar con ella, que el sol quema, pero puedes protegerte de él. Y que, si bien no había mirado de cerca la luna, a ella le debía noches de inspiración e insomnio.
Como buen ella lo dijo, el viaje le sirvió para conocerse mejor y aprender sobre otros tantos reinos más antiguos que el de ella. Fue capaz de vivir sin miedo, sin protección a cada instante, incluso sin perdón y sin permiso… Y lo que más le gustó de su experiencia: es que en esos tantos viajes de ensueño, sentía que era la pieza de un rompecabezas gigante donde podía ser, sobre todo: ella misma. Sin recelos ni ataduras. Escribiendo y reflexionando como una más en un mundo de seres pensantes. Después de todo, ahí, en esos suelos que pisaba, se habían iniciado revoluciones del intelecto que cambiaron el rumbo de lo que ahora llamaba mundo, y no sólo un pequeño reino.
Esta aventura le hizo darse cuenta de que eso que callaba, ya no le daba miedo, ni le ahogaba y dio riendo suelta a lo que la mente hace tiempo le ocupaba. Y así conoció a la Muerte, con quien regularmente tenía contacto y le escribía cartas, peticiones y súplicas como esta:


Querida Catrina,

Le escribe una joven amiga. Podría llamarla "la muerte", "la flaca", pero la verdad es que "la Catrina" me resulta más familiar y elegante.
Me resulta difícil empezar a escribirle a Ud. que ha sido tema de debate en más de una tertulia. A Ud. que se ha llevado a los más queridos. Y a Ud. que suscita muchas preguntas que uno va respondiendo cuando ya está aquí cerca de nosotros. Así que más o menos nos conocemos.
Ud. es un miedo arraigado, y para nosotros los mexicanos una fiesta que vemos con descaro. Y yo soy una suicida in ratio porque in practicum ya lo hubiera intentado. Es decir, la pienso pero no la actúo. En pocas palabras, la deseo. Sí, la anhelo más de lo que ansío a su contraparte: la vida.
Debo admitir que la he evadido un par de veces. ¿Destiempo o suerte?. Y como ya dije, la he evocado otras tantas. ¿Desganas o desesperanza?.
Sea como sea, sepa Ud. que no le tengo miedo. Ud. no me atormenta ni mucho menos. Al contrario, me parece que es Ud. el único misterio descifrable y que una vez descubierto, no podemos compartir. Honestamente, Ud. me incita constantemente. 
Si bien acepto que el fin de la vida es la muerte, es una ingratitud para los que a bien tenemos de "celebrarla", que Ud. se lleve a los nuestros con todo y su alma. Porque puedo entender que se lleve su cuerpo, pero no su esencia, no los recuerdos... y eso es lo que a los que nos quedamos, nos mata. 

Pero no le escribo para reclamarle. Simplemente, me pregunto si yo le llegaré como regalo o si Ud. vendrá por mí cuando deba... Si será mi decisión conocerla o será una imposición encontrarnos. Si será algo trágico y ensordecedor o sutil y suave como un beso.
Ahí radica la excelsitud del misterio. Es un enigma y entre Ud. y yo será un pacto y un secreto.
¿Sabe? yo pienso en Ud. desde que tengo al menos 12 años. Sí, desde entonces ya ansiaba conocerla, y míreme ahora, con 30 años y Ud. es la única constante en mi vida. Debería sentirse halagada. Quizá por eso me tienta, para engrandecer su ego y vanidad y nada más.
Dígame, ¿de qué se trata todo esto?. ¿Acaso un suicida es para Ud. un juego de azar?, ¿una apuesta con la vida?, ¿un siniestro o una fortuna?... 
No quiero ser dura con Ud., no me mal interprete. Después de todo, gracias a Ud. descubrimos lo mucho que amamos a alguien o la mucha falta que nos hace...aunque ya sea demasiado tarde. Lo que sucede es que quisiera entender a profundidad el papel que Ud. tiene en la mente de esta alma suicida. 
Por eso, y mientras lo entiendo, quisiera ofrecerle hacer un trato con Ud. Uno en el que yo respeto su espacio y Ud. respeta mi tiempo, pero la verdad no quiero apostar, y menos a mí. Sé que perdería pues no confío en mí. Es tan arriesgado vivir que Ud. representa a veces, la única salida.
Sin embargo, algo sí quisiera pedirle. Cuando le entregue mi vida, (si así lo hiciera), tómela sin miramiento. No me regrese. Créame, la respeto tanto que por eso no la tiento. No quiero jugar con Ud. De verdad deseo que al encontrarnos Ud. me de un frío beso de bienvenida y nada más... Nada más.
No pretendo asumir que a Ud. le importará respetar este sencillo acuerdo, pero sé que dado nuestro historial y el respeto que Ud. muestra a quienes tienen a bien escribirle, quizá me otorgue lo que aquí le he solicitado.
De antemano Gracias y ayúdeme a entender por qué es que somos tanto suicida por ahí deseoso de conocerla y Ud. llevándose a quien no debe...


No sólo cartas le escribía, sino también una que otra rima:

Les voy a confesar algo:
He deseado morirme hace ya bastante años,
Que no sé qué hacer con tantos pensamientos extraños.

La verdad, no sé por qué no lo hago.

Mi miedo se convierte en parálisis. 
Y entonces me quedo así:
En el estrago de mi propio análisis.

Tuve una conversación con la muerte. 

Quería que le hiciera una calaverita a cambio de que ella diera paso a que me hicieran mi esquela. Finalmente.

Se quedó pensando...

Quizás acepte. 
Mi idea es buena. 
Ya no quiero seguir luchando. 
Y ella sólo quiere tenerme. 

¿Cuál es el problema Mireya?

¿Por qué te sientes tan triste, sola e indefensa?
Porque no comprendo la vida y aún guardo secretos que me hacen daño  día a día. 

No me siento yo. ¿Quién soy, qué soy?... Me siento vacía.

Sigo sin entender de qué se trata realmente esta puta vida.

¿De amar, de ser, viajar, querer...?

Ya lo hice. Déjenme irme.
Ya no quiero sentir que sobrevivo sin ningún sentido. 
No me digan que me quieren porque por un rato, aquí me detienen. 
No me digan que me echaran de menos, cuando poco es lo que nos vemos. 
Y al final, no me entienden.

Lloro de día y de noche. 

Entre libros y sueños.
Sin ningún motivo...
Tengo deseos de desaparecer simplemente. 

No soy nada. No soy nadie.

No sé para qué respiro.
Busco algo que me irradie
y que su luz me de un giro. 

Pero ese momento es un suspiro...

Quiero más. Quiero todo. Quiero nada. 
Quiero sentir que vivo... de algún modo. Mas tengo un corazón frío.

Soy suicida de pensamiento. 

Soy mi mayor riesgo. 
La voz en mi dice: será rápido,
vete y desaparece. 

Más algo me lo impide...

pero no por mucho tiempo.
Viene la peor temporada del año. 
Y quizás en un descuide... por fin me suicide.

Sólo lamentaría no haber escuchado de sus labios un te amo sincero. 

Y hasta eso: quizá lo dijo... y oír no pude por miedo. 

Ese maldito miedo. 

No me durará por siempre...
Soy mi mayor riesgo. 
Y entre tanta duda constante,
de una cosa estoy segura:
me dejaré llevar y por favor, no pueden ayudarme, no intenten detenerme.

Más la muerte tenía una singular manera de contestarle: re conectándola con la vida de repente... sin entenderlo algo o alguien la convencía.

La princesa se había vuelto quizá más oscura, más triste, pensaban todos en el reino, y por eso comenzaron a alejarse de ella y a llenarle la cabeza de ideas de que alguien así de loco y enfermo no tenía cabida en ese reino, más sus padres entendieron después de tanto desasosiego, que ella había sido así hace demasiado tiempo pero contarlo les daba pena como a ella miedo. Así comprendió que debía salir nuevamente de esa burbuja que le ahogaba y regresar a donde había sido feliz aunque fuera por un tiempo... (continuará).


EL DIARIO DE UNA PRINCESA REBELDE... (PARTE I)


"A veces es la princesa quien mata al dragón y salva al príncipe".

CAPITULO I

Por Mireya Cerrillo.

Como todos los cuentos de fantasía que escondían cierta verdad, éste no será diferente… Y todos los cuentos empiezan así:
Hace muchos años existía un reino muy pequeño, del tamaño de una bola de cristal donde habitaba una princesa que usaba vestidos en tonos pastel y tenis en lugar de zapatillas, tenía los rizos más alborotados que su cabeza, y una inteligencia superior a la de cualquiera… Era traviesa, juguetona, sonriente, y le gustaba leer y jugar y cantar y bailar… eso sí, a su propio ritmo.
Nació rodeada de 3 caballeros: sus hermanos quienes la cuidaban y protegían a toda costa de cualquier posible daño y la llenaban de cariño, besos y abrazos… Su padre, el rey, siempre se la vivía viajando de reino en reino, ya fuera en su fuerte corcel o en los libros con los que aprendía y aprendía, y de tanto en tanto, le dejaba leer alguno a su pequeña hija.
Su madre, la reina se dedicaba a enseñar a leer, matemáticas y otras ciencias a los niños ávidos de saber del reino. Y cuando la princesa algo no entendía ella sin problema se lo explicaba.
Verán, yo soy una princesa y me llamo  Mireya, y no cambiaría mi nombre pues significa mi estrella, y siempre he pensado que es maravilloso saberse parte del firmamento, aun cuando ese universo se sienta a veces lejano y por ser descubierto…
Soy una princesa y de familia noble procedo, no se confundan. No es noble por su historia heráldica, sino por su nobleza de corazón. Tengo un hermano mayor que es inteligente y muy audaz, tanto que hace daño a sobremanera. Un hermano menor que es pasional y alegre, gran cómplice y amigo. Y Sir Henry, un entregado a proteger a la princesa heredera: Pues esa princesa representa: ” el grial de mi familia, la alegría de nuestro corazón, el orgullo de mis apellidos, la belleza de mis genes y sobre todo la heredera de todos nuestros corazones.” Así lo describía en el libro de familia.
Mi padre, como ya dije, es un rey viajero y guerrero que siempre busca batallas que ganar, más por su bravura ha perdido algunas también. Sin embargo, la vida no lo ha vencido aun, y mi madre, es la Reina que siempre enarbola la corona de la rectitud, la enseñanza y el respeto.
La princesa podía jugar, podía aprender, podía hacer y pedir lo que quisiera pues siempre se sentía y sabía protegida y cuidada… Sus hermanos eran como tres pares de ojos que la observaban y la celaban. Los brazos de su padre servían para defenderla y los abrazos y palabras de su madre para decirle siempre que se cuidara, que el reino podía ser a veces peligroso.
Un día, la traviesa Mireya, ya más entrada en su adolescencia publicó este anuncio:
Soy una niña que creció como una pequeña princesa...
Rodeada de súbditos y complaciendo a los reyes de mi pequeño palacio de cristal:
Jugué en los jardines llenos de flores y subí a la torre más alta de mi castillo.
Encerré a mis miedos en un calabozo y desaté el dragón que llevo dentro.
Escapé de mi mundo, tomé mi blanco corcel y huí….Lejos, llegué a otro reino.
Usaba armaduras para protegerme. Ya las cambié por un delicado vestido color rosa.
Hoy me siento princesa de cuento sin hadas… Y condenada a soñar:
Busco un caballero: con espada y armadura dorada.
Quiero un escudero que llegue con mil rosas hasta mi ventana.
Busco un príncipe azul o de cualquier color… en realidad de muchos colores:
Blanco: debe ser bondadoso, pero no inocente.
Naranja: que sea atractivo, siempre creativo.
Verde : que nunca pierda la esperanza, que sea fresco y estable
Amarillo: que sepa ver la alegría en todo, y me contagie energía.
Púrpura: no importa que no sea de la nobleza, me interesa más que sea ambicioso.
Rojo: ya que es imprescindible ser apasionado.
Azul: pues quiero que sea sincero, inteligente y leal .
Y de color negro; pues se precisa ser elegante y formal.
Busco un soberano de corazón compatible, que pelee las justas conmigo y algunas por mí.
Nada ocurre por casualidad; sí por causalidad. Y en un tiempo y en un lugar: te encontraré.
Serás de muchos matices, y pintarás mi vida de colores.

Recompensa: el corazón de esta princesa ilusionada.

Su padre pensó que no era momento de pensar en eso. Sus hermanos le dijeron que los príncipes no existían, que eran más bien sapos disfrazados y que había que tener cuidado. Y su madre, bueno…. Al leer tal anuncio tembló de miedo de que la princesa estuviera creciendo demasiado rápido.
El anuncio fue mandado a retirar por el mismísimo Rey, pues él le explicaba que él siempre sería su príncipe, y ella su princesa.
Más harta la princesa, un día decidió mirar al cielo y ahí se dio cuenta de lo que sucedía. Ella en realidad vivía en una bola de cristal mágica, pues estaba diseñada para protegerla.
El cielo escondía detrás de ese gran cristal al sol, la luna, la lluvia, la nieve… Tanto había leído la princesa que no se había dado cuenta de que nunca se mojaba en un charco, o salía a jugar con una nevada o un temporal o se quemaba con el sol o pedía un deseo a la luna…
Conforme fue creciendo, más se hartaba de la situación, sentía que se ahogaba, que no podía respirar y se sentía triste por querer huir de todos ellos.
Un día, cuando la princesa pasó la mayoría de edad, ocurrió una tormenta tan fuerte, con bolas de granizo tan grandes, que a la bola de cristal se le hizo una grieta… Ella entonces, se subió a su blanco córcel llamado Pegaso, tal y como aquel del Dios griego Zeus y corrió y corrió y corrió… dejando una simple nota: “Voy a conocer el mundo del otro lado del cristal, no se cuándo volveré”.
Así llegó al viejo continente… Y esto fue lo que pasó… Su personalidad cada vez se tornaba más triste y no sabía por qué. Si bien disfrutaba viajar y hacer amigos, algo faltaba… Verán:
“La princesa de mis cuentos es siempre la misma: alegre, divertida, asertiva, sonriente, amable, gentil… todo lo que se esperaría de una princesa de cuentos. Sin embargo, la dulce y tierna princesa no es rubia ni tiene largos cabellos, eso ya lo sabemos, pues al contrario, tiene su cabello corto, ondulado e indomable como su carácter. Y aunque le ha costado, se siente bien habitando su piel (la mayoría de las veces). Por supuesto que esta princesa también llora por el príncipe, pero a veces simplemente llora por llorar, sin saber exactamente por qué. Le pone nombre a sus nostalgias, escribe sobre ellas, y al igual que sus emociones, guarda sus pensamientos en un baúl bajo llave.
La princesa se educó en las mejores escuelas europeas. Estudió la carrera de la nobleza: humanidades y diplomacia. Es inteligente, le encanta perderse en los libros que cuentan historias de otros reinos, habla diferentes idiomas y es ante todo una romántica empedernida, soñadora, juguetona, tímida pero atrevida, ingenua y consentida.
Tiene como la realeza un poco de soberbia, es también altanera, preciosa, caprichosa, orgullosa y muy gastalona. Aunque enamoradiza, esta princesa no es como todas las princesas pues ella no está dispuesta a convertirse en esposa de nadie sin amor, o por mera tradición o presión del reino que habita. De hecho, más que un esposo, quiere un amigo cómplice y compañero de viajes y aventuras. Ni tampoco quiere vestir elegantes y largos vestidos con el cabello bien peinado, al menos que la ocasión lo amerite, sí le gusta presumir de sus únicas joyas. Ella prefiere su alborotada cabellera ondulada a usar una tiara, busca algo distinto, tiene un alto instinto de aventura, es fuerte, es valiente y es todo menos una damisela en peligro, no obstante, de tanto en tanto, precisa ser salvada…sobre todo de sí misma.
Si bien es muy generosa sólo piensa en lo que otros quieren de ella, y olvida frecuentemente lo que quiere para sí misma. En su momento, estuvo de acuerdo en volver a su palacio pensando que allí ella sería feliz, pero consciente de que nunca vería a quien creía sería su verdadero amor de nuevo, ahora quería que su aguerrida personalidad le permitiera tomar las riendas de su propio destino. Ella sólo desea conocer gente nueva, viajar a nuevos lugares y tomar sus propias decisiones. Querer a mil príncipes antes de decidirse por uno sólo. Ver otros reinos y culturas. Probar otras gastronomías. Vivir su creatividad al máximo.
Pero nuestra princesa vive constantemente en profundo sueño, su apetito cambia con las estaciones, es impulsiva, culta, directa, indecisa, con un temperamento explosivo, apasionada… ¡Uy!, ¡Cuántas cosas es esta princesa! Heredera de sueños y cumplidora de metas. Si bien nuestra princesa puede parecer normal, algo no va bien con su cabeza y sus estados de ánimo. Según los mejores alquimistas del reino está “trastornada”, y este es su reporte: pues es irritable, duerme tanto como noches pasa en profunda quimera, tiene manías que traduce en la creatividad de sus poesías, y su ansiedad es respuesta a su constante necesidad de huida. Se llena de melancolía y desesperanza, como de ánimo y ganas por comerse el mundo. Y aunque su locura no tiene remedio, la solución está en ella. No olvidemos que eso es lo que la hace auténtica y única. Nuestra princesa padece un mix de algo llamado trastorno bipolar ("Mal humor", depresión crónica). Es una “locuela” reconocida pues su “mal” finalmente tiene nombre. Pero sepan algo, la princesa está tranquila pues comparte su "desorden" con otras princesas como Lady Di y Audrey Hepburn, actrices como Catherine Zeta Jones, Carrie Fisher o Marilyn Monroe, con otros escritores y poetas como Edgar Allan Poe, Virginia Woolf, Emily Dickinson, Charles Dickens, Hemingway y Herman Hesse, artistas como Vincent Van Gogh, Sinatra o Beethoven, científicos como Newton o líderes como Lincoln, Roosevelt, y Churchill. ¡Con cuántos grandes comparte su genialidad y locura!. La princesa es feliz y está triste. Es guerrera y por eso está en constante batalla: con el mundo y consigo misma. Tiene sus afanes y apatías. Sus melancolías y alegrías. Tiene sus miedos y  valentías. Tiene sueños y no duerme. La princesa de mis cuentos por si no lo sabían, soy yo: Mireya”… (continuará).

lunes, 12 de marzo de 2018

Así lo creo...



Por Mireya Cerrillo.

Empezaba Jaime Sabines una de sus poesías: "Me he dado cuenta de que me faltas...", y si bien escribía al amor o a la pareja anhelada. 
Yo quiero decir: Me he dado cuenta de que me falto entre la gente y el ruido, en la soledad y el silencio ... Pues hoy todo lo bello se siente prohibido: reír, viajar, hacer por amar, y nada se siente cierto.
Me hago falta cuando duermo demasiado, sueño demasiado y lloro demasiado. 
Requiero despertar, espabilar y comenzar a luchar.
Me necesito para decir me quiero, yo puedo, así sin miedo, loca, viva y sin etiquetas.
Me anhelo para aprender a reconocerme bella frente al espejo, con esta mente y este cuerpo. 
Con mis lágrimas, ideas, ideales, caricias y sonrisas para como ave fénix, resurgir de mis propias cenizas.
Me exigo a empoderar a otros con mis debilidades, más no soy frágil, sólo sensible al mundo entero, así pienso: indignada, disidente, y en mí aún creyente.
Sin rencor ni delirio: me obligo a no llorar y a creer que mañana será un día mejor. Para ser y para estar. Para rescatar, dar, acariciar, amar, crear, y olvidar.
Para no extrañar con desesperanza sino con la alegría de lo vivido, sintiendo todo aquello que en mí vibro y fue bonito.
La nostalgia será normal más no necesaria para escribir lo que más siento. Así lo creo...
Pues eso soy: Creadora de mi propio universo: perverso y profundo o lleno de versos que dibujan mi mundo. Porque así lo creo.



domingo, 11 de marzo de 2018

Poco a poco...



Por Mireya Cerrillo.

Y poco a poco te fuiste apagando.
Esfumando una presencia que sentí reacia desde el inicio cuando fue dudando.
Intenté...o quizá lo intentamos... más no fue suficiente para decir: nos quedamos.
Tú siempre enojado y hesitando... con ideas falsas que siempre consideraste ciertas.
Y yo soñando ilusionada dando tanto para nada.
Hoy es un nuevo día. Hace un mes que por tercera vez me dejaste y no he llorado por ti, al menos no como antes.
He berreado por el desencanto y tus palabras que a mi corazón dañaron: todas mal sonanantes.
Nefastas cosas que sin pensar gritaste e hirieron a esta tu amiga, tu amante, tu todo y tu nada.
Ahora uso lentes y veo más claramente lo qué ha pasado.
Siempre doy y espero demasiado.
Ahora escribo porque quiero y no porque la tristeza me obliga.
Es domingo y no me quiero morir porque si así fuera, en mi propio llanto me ahogaría.
Una cosa es cierta: quizá soy más fuerte de lo que pensaba, y me pregunto si era verdad lo que sentías cuando me tocabas.
Dímelo por favor: no hay más palabras. ¿Fue un error? o acaso, ¿había cierto amargo dulzor al que me acostumbré sin querer?... o porque con clamor así lo quería.
Me cuestiono: ¿para qué... por qué...? y sólo sé que como dice la canción: intento no vivir por vivir, ni amar por amar. Y demasiado pensar... pero es lo que mejor hago.
Lentamente, así como supe querer, aprenderé a olvidar. Y a no llorar tanto...prefiero que se convierta en poesía y canto.
Así le escribo a la luna, a la soledad que me acompaña y enseña como ninguna a convertir el dolor en letras con encanto.
Porque poco a poquito... volveré a ser Yo, así sin ti... porque así: desde hace tres años siempre lo fue. Y seré, floreceré y quizá otro día: también amaré otra vez.


martes, 6 de marzo de 2018

Indignada...

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"Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación”.  Stéphane Hessel


Por Mireya Cerrillo.


Mi nombre es Gloria Mireya Cerrillo Romero, soy mujer, soy mexicana y estoy indignada.
Quiero ser capaz de expresar con estas letras, todas aquellas cosas que me indignan. Pues no son pocas y no sé si vendrán en orden de importancia, pero sí con la constancia que han vivido en mi cabeza.
Para empezar: me indigna la indiferencia, la apatía y la indolencia. El “mexicano” en general que le pone el pie al otro para avanzar, y si así lo hiciera, es motivo de crítica sin circunstancia y sin clemencia.
Me enoja que de tantos que somos, no sumemos UNO que me dignifique en la política, pero luego reflexiono, y aunque me sé diferente, la multitud que por un pan se vende, me nulifica. Y cuando sumamos es en un apoyo que después se nos olvida pues ya pasó de moda y la ayuda parece concluida.
Me enfada que me llamen loca porque pienso de manera divergente, porque expreso lo que siento tal y como lo veo porque me considero disidente. Y pareciera, que la diversidad está castigada en cualquiera de sus expresiones y a esa ignorancia quisiera saber hacerle frente.
Diversidad sexual opresa, feminismo criticado, feminicidios justificados, equidad de género cuestionada y los abortos vetados. Estas son algunas cosas que apestan y nos apresan. 
Me encoleriza la guerra, el infanticidio y la injusticia hacia la tierra, la gente que actúa con malicia, pericia y codicia. El maltrato a otro ser humano o a un animal con más humanidad aunque no lo parezca.
Me exaspera la mediocridad y el conformismo, la corrupción que aprendí desde pequeña y parece mezclarse para usarte y que de ella siempre seas parte. No parece tener escape. Cinismo, machismo, más de lo mismo.
Me enfurece la manipulación de la religión, la política o la tele… porque su mentalidad es troglodita y sin embargo, al ser pensante vuelve un pelele. Un títere del oscurantismo que ni tras tremolarse con un sismo, fácilmente vuelve al egoísmo y al confortante absentismo.
Me irrita que en este mundo de la inmediatez, se quieran construir muros en lugar de puentes, pues el llamado líder mundial en su pendejez es incapaz de dirigir de manera congruente. Está en contra de los izquierdos, y sobre todo de los derechos: esos que pertenecen a los migrantes, a los soñadores, a las mujeres, a la libertad de expresión, a los sin papeles y a los sin techo.
Me violentan las mentiras en el amor, en la escuela o en el gobierno. La deshonestidad parece que se premia, porque el sexo, los votos y los dieces apremian.
Me da rabia sentirme tan pequeña, sin conocer aún mi razón de ser en este mundo… pues eso me han vendido, que si no tengo un motivo, no valgo nada para esta raza que me niega oportunidades con un NO rotundo y continuo.
¡Qué más da estar preparada! Si a cada rato escucho estar “demasiado calificada”, y sin embargo debo constantemente a la sociedad probarlo: Que yo valgo, que yo lo merezco, que yo sé hacer esto.
Estas son algunas cosas que me indignan, el resto seguirá siendo secreto.
Y me preguntan si estoy triste al escribir esto, cuando la verdad es que estoy muy enfadada y cansada de escuchar decir al resto simplemente: “Me dueles México”, pero como sociedad no hacemos nada.
Esta indignación no es para sanar el alma, ni para darles una palmadita en la espalda o un emoticón sonriente para decir: tranquilos, aquí no pasa nada.
La indignación es para despertar consciencias, y con suerte, una movilización sin renuencia y con potencia.  
No se de qué tipo, no tengo aún la respuesta. Quisiera saberla y ponerla en práctica… más lo único que me queda es ser Yo cada día en mi mejor versión, y por amor a mi país, hacer de mi profesión un semillero de ideas e ideales, de personas críticas y pensantes que cambien de actitud y se vuelvan brutales, menos neutrales y con suerte más vivaces.
Me enoja que me digan: que no me enoje… Estoy de acuerdo: hay que dar lo mejor de sí, pero nunca está de más indignarse.
Sé que hay muchos que hacemos excelente a México, que constantemente ponemos su nombre en alto, y en ellos hay que inspirarnos así tengamos que caer, hay que volver a intentarlo. Una y otra vez. “Somos más los buenos”, eso lo tengo claro.
Es mi derecho expresar lo que pienso, tal y como me viene al cerebro… sin omisión ni consuelo. Pero si conforto es lo que buscan: yo les diría, ¡Vamos México!, este país es nuestro, no de quienes nos gobiernan, sino de quienes actúan cuando se consternan.
No se trata de partidos, sino de los colores de nuestra bandera. ¡No más violencia! exclamamos. Verde esperanza, rojo pasión y blanco la paz que tanto anhelamos.
La historia de nuestro país está llena de gloria y victorias, y también de aprendizaje para evitar nuevas derrotas. Y a todos aquellos que se sienten silenciados, aislados y discriminados, yo les digo: Vamos a unirnos de nuevo mano a mano, sin necesidad de que la Tierra nos despierte, sino que nuestra humanidad se demuestre cada día, todos los días del año.
 Así me gustas México: fuerte y valiente. Artista y cantante. Brillante y picante.
Porqué, ¿Qué nos define a los mexicanos? una sonrisa y un corazón ardiente: que sabe dar, que sabe amar y se entrega totalmente.

Ahí no hay secretos. Esa es la fórmula vibrante que vive en ti y en mí para hacer de este país, eso que tú y yo queremos y merecemos.  Y que con orgullo de tanto en tanto nos hace decir con ánimo: “Porque soy mexicano”, y nada de esto es en vano.


domingo, 11 de febrero de 2018

Delirio del olvido...


"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón." Jorge Luis Borges.


Es casi domingo y le escribo a la memoria porque le temo al olvido.
Me da pavor no recordar lo vivido, lo aprendido y el dulce sabor del amor al que tanto había huido.
Hago un repaso para saber si vivo: siento, soy, estoy y existo... Mas el conjunto de mis historias, tienden de un frágil hilo llamado extravío.
¿Y qué pasará si en un descuido pierdo todo aquello que guardo e intento revivir en cada evoco y respiro?
Siento nostalgia por las cosas que me rememoran el pasado no escrito, pues cuando intento describirlo, las palabras se evaporan y me veo llorando y me siento perdido.
¿Qué pasa por mi mente para advertir que desaparece lo más bello? Se vuelve todo tan breve, un instante, un suspiro.
Quizá exagero y simplemente está escondido, y esta vida me exige no caer en el delirio del olvido. 
Sí, quizá sea eso. Algo tan impreciso. Una reminiscencia que si bien me sabe a urgencia, me pide paciencia para conmemorar cada paso, cada vivencia.
¡Cuántos libros, cuántos viajes, cuántos sabores, cuántos amigos...! Busco el equilibrio a este ultraje retentivo.
Recordar: es como un desierto sediento de rocío. Y olvidar, es cortar flores cuando debes remover maleza. ¡Así, se siente mi cabeza!.
Diría Benedettí: "el olvido es un simulacro repleto de fantasmas...", "ánimas crueles" que se llevan los detalles de mis sueños, dejando cenizas de ellos en una melancolía donde no caben los recuerdos en una simple poesía.
Quizá sea el castigo de éste intelecto curioso, insaciable y solo: huérfano y abandonado.
Distraído y atroz: que como un amor cautivo, busca huellas y promesas, mas todo son laberintos sin aviso y sin voz.
Y entonces escribo a la presencia que me habita, al fuego del insomnio, y al verso escondido en el polvo de estrellas que me ilumina los poros de memoria.
Las cicatrices del dolor y la tristeza parecen inmunes al desprecio. Hay un naufragio en mi testa, un mar de amnesias que no controlan el vaivén de estas olas y busco refugio en el navío del olvido tardío que tanto ansío.
Todo esto son confesiones torpes de momentos y escombros... de palabras e instantes... de silencios y llanto... de alegrías y arrebatos... de residuos de noches de luna congeladas que en mí han quedado grabadas.
Las reliquias de mi ser se tornan lluvias de un "todavía" que indica recuerdos de mi reflexivo mundo. Colecciones de mi historia que hace eco en sus batallas, indicando simplemente: esperanza.
Me gusta sentirme poeta, pues de madrugada la consciencia se siente intacta en cada letra impresa. Ya que esto que escribo, entre el éxtasis de la memoria y el delirio del olvido, es lo único que se mantiene a pesar del frío del descuido. Esto, no fenece.
"Por donde se pasean el tiempo y la dulzura", escribiría Neruda: esto, permanece.  


lunes, 18 de diciembre de 2017

La Navidad de los ateos...

"La nostalgia es un baúl que está lleno de recuerdos..."


Por Mireya Cerrillo.


Se dice que, la Navidad es esa fecha del año que celebra el nacimiento del hijo de Dios, y además es el pretexto idóneo para reunir a la familia, intercambiar regalos y comer hasta el hastío...
La verdad es que la Navidad huele y sabe a nostalgia. Si hay a quienes les gusta la Navidad es precisamente por los recuerdos, por lo que nos evoca y por lo que tenemos guardado en la memoria de ella.
Después de mucho reflexionar, he llegado a la conclusión de que por eso no me gusta la Navidad: porque me sabe a ausencia y se pinta de color gris.
Hay una frase del autor Carlos Ruiz Zafon que dice: "El que tiene mucho apego al rebaño, es porque tiene algo de borrego..." y es verdad, me molestan las actividades que nos entorpecen y automatizan, volviéndonos seres repetitivos de una misma acción. No nací para ser borrego... no me gusta sentirme borrego...Y mucho menos necesito un pastor.
Y justo eso pasa en la Navidad, los cultos nos vuelven seres ordinarios y vacíos.
Dicen que la Navidad es la época de felicidad. Sin embargo, es cuando más suicidios ocurren en el mundo. Es fácil comprenderlo, pues la felicidad no puede forzarse y la magia no es más que un montón de habilidades para crear ilusiones en los demás.
Y yo soy una incrédula. Me cuesta mucho trabajo creer en el otro, en algo superior, en lo que sea o incluso en mí.
Y quizá me pase como a Mario Benedetti en su libro La Tregua:

«Son raras las veces que pienso en Dios. Sin embargo, tengo un fondo religioso, un ansia de religión. Quisiera convencerme de que efectivamente poseo una definición de Dios, un concepto de Dios. Pero no poseo nada semejante. Son raras las veces en que pienso en Dios, sencillamente porque el problema me excede tan sobrada y soberanamente, que llega a provocarme una especie de pánico, una desbandada general de mi lucidez y de mis razones. «Dios es la Totalidad», dice a menudo Avellaneda. «Dios es la Esencia de todo», dice Aníbal, «lo que mantiene todo en equilibrio, en armonía, Dios es la Gran Coherencia». Soy capaz de entender una y otra definición, pero ni una ni otra son mi definición. Es probable que ellos estén en lo cierto, pero no es ése el Dios que yo necesito. Yo necesito un Dios con quien dialogar, un Dios en quien pueda buscar amparo, un Dios que me responda cuando lo interrogo, cuando lo ametrallo con mis dudas. Si Dios es la Totalidad, la Gran Coherencia, si Dios es solo la energía que mantiene vivo el Universo, si es algo tan inconmensurablemente infinito, ¿qué puede importarle de mí, un átomo malamente encaramado a un insignificante piojo de su Reino? No me importa ser un átomo del último piojo de su Reino, pero me importa que Dios esté a mi alcance, me importa asirlo, no con mis manos, claro, ni siquiera con mi razonamiento. Me importa asirlo con mi corazón».

Y así surge una vez más la nostalgia que nubla la Navidad de los ateos, de la pesadumbre que provoca sentir, tocar, abrazar a Dios con el corazón y de involucrarlo en la propia vida. De hacerlo parte de las cosas cotidianas, de pelearse con Él como con un amigo. De la necesidad de que exista no como algo "insuperable", "inalcanzable", "infinito", e "inimaginable", sino como algo tan cercano que se vuelve frágil...

En esa ansia de que Dios se vuelva Navidad, radica el misterio de la misma... He ahí la magia y la ilusión que no todos podemos lograr.

La Navidad es y será entonces, el día para crear una esperanza que el resto del año sentimos ausente. El momento para alimentar una ficción y un espejismo, porque eso es Dios, una sugestión que sabe a nostalgia, y el duelo por lo inexistente puede llegar a ser muy doloroso. Sino pregunten a los ateos, a esos que dejamos de creer... pues a los Dioses después de todo, no se les busca, se les inventa.

¡Felices Fiestas!