domingo, 26 de noviembre de 2017

"Motivus"..."relativo al movimiento...


Por Mireya Cerrillo.

Hace días que en mi tozuda testa ronda una palabra. Así como si nada y como si todo... Esperando a que le haga caso y la escriba y la describa...
¿Por qué? ... Nunca sé por qué... Sólo sé que así como ahora, de repente una palabra o una frase me da vueltas y debo aterrizarla para que me deje en paz, hasta que la siguiente aparezca.
Un motivo es por definición: aquello que te mueve.

Para mí, un motivo es aquí y ahora: escribir.
Pero lo que más me gusta de la palabra motivo, es lo que la acompaña. Por ejemplo:

Me gustan los abrazos sin motivo, sólo porque sí, porque merecen ser robados y regalados.
Me gustan los besos que te dan porque tienen ganas, y los que quitas porque no aguantas. Así sin motivo.
Me gustan las sonrisas que mueven, que invitan, que motivan... A ser, a decir, a hacer.
Me gusta el café como motivo de despertar recuerdos y de hacer memoria.
Me gusta el vino para motivar amores y desinhibir temores.
Me gusta leer como motivo para aprender y desaprender.
Me gusta viajar sin motivo... Sólo para moverme y cambiar y agasajarme de la palabra libertad. 
Me gusta el helado porque motiva dulces recuerdos de la infancia.
Me gusta la poesía para sonreír y pensar en alguien sin motivo.
Me gusta el arte de la sorpresa de las miradas que se buscan y se encuentran sin mayor motivo.
Me gustan las palabras que se unen formando tantos motivos.
No me gustan las despedidas sin motivo.
No me gustan las lágrimas sin motivo desenfrenado pues desencadenan tristezas y añoranzas.
No me gusta la distancia que nos separa con el motivo de aferrarme a ti y a la idea de ti.
No me gustan las mentiras que llevan a otras y a otras más...haciéndonos daño sin motivo.
Mi motivo: aún lo sigo buscando. A veces lo olvido y otras casi lo recuerdo y aunque intento aferrarme... Parecen no haber motivos.
Dice la canción: "que escribir es fácil si existe un motivo". Y concuerdo, "mi motivo mejor eres tú".

Los archivos de los corazones rotos...


"Las personas fuertes ríen con el corazón roto, lloran a puertas cerradas y pelean batallas de las que nunca nadie se entera."

Por Mireya Cerrillo.

Debe ser increíble la cantidad de historias que guardan los archivos de pacientes de cualquier consultorio psicológico...
Me pregunto cómo son esas notas que toman los especialistas en el momento de cada terapia. ¿Qué perciben más allá de las palabras que pronunciamos en cada sesión? ¿Y en cuántas de ellas se ven a sí  mismos reflejados?.
¿En cuántos miedos nos entienden? ¿Y en cuántas aflicciones nos empatan?...
Siempre creí que sólo dibujaban. Sí, así como en las caricaturas... pero me parece que hay una increíble labor detrás de cada nota.
¿Se imaginan la de lágrimas que han sido derramadas en esos resúmenes de memorias? ¿La de emociones contagiadas, reprimidas, resumidas y compartidas...?
En ellas se refleja el espíritu derrotado de muchos, las ansiedades de otros, y sobre todo, la sensibilidad del alma humana. Esa que nos causa congoja y alegría contrariada.
¿Cómo acomodan los terapeutas a sus pacientes en sus archivos? ¿Por nombre, por dolencia, por edad, por género...?
Yo creo que los ordenan así, en las cinco D's: Daños emocionales, depresión, divisiones, dolores y duelos: El gran top 5 de las visitas al psicólogo.
Después de todo, los dulces y difíciles instantes que nos marcan, nos adueñan, nos encierran, y nos inmovilizan o motivan son esas D's: de deterioro, decaimiento, disidencia, daño y desafío.
Son quizá esos soplos de dolor, angustia y pena que se convierten en el aliento del mismo terapeuta quien tal vez, se vea reflejado en los momentos de inquietud de sus pacientes...
Los archivos de los corazones rotos, como he decidido llamarlos, deben ser algo así como la oportunidad efímera de encontrar abrazo al desconsuelo propio.
Esos archivos guardan además, secretos en silencio escondidos en la confidencialidad del disimulado recato.
Esos registros son vestigio de la fragilidad, pero también de la fortaleza y tenacidad de quien acude confiado, a "contar" sus miedos y aspavientos. Sus discreciones e indiscreciones a quien nos presta su escucha y un huequito en el cajón de los misterios.
El orden al final, es lo de menos... Lo que importa es que ahí está su historia y acaso la mía.
La mía que a ratos se cuenta sola y en ocasiones necesita de la pluma del terapeuta para seguirse escribiendo.
La mía que está dicha en fragmentos, pedazos y trozos... Esos cachitos de uno más de los corazones rotos.


viernes, 10 de noviembre de 2017

Un convenio firmado con cariño...

"TÚ Y YO TENEMOS UN PACTO DE AMOR"

Por Mireya Cerrillo.


Un pacto es por definición, un convenio en el que dos partes se comprometen a cumplir al ejecutar ciertas acciones.

Esta es nuestra historia:
Como todos saben, tengo la tendencia a idealizar la muerte y a ponerla a mi disposición con constantes pensamientos suicidas.

Ella, la luz de mi vida. Siente que su llama no sólo se está apagando, sino que se está extinguiendo... Y así como ella se pone nerviosa al saberme imprudente, a mí me pone muy triste la sola idea de perderla. Literalmente moriría si no la supiera en mi vida, y supongo que poniendo la relación en perspectiva, ella siente lo mismo por mi, y al fin entiendo... Y lo siento.

Con cada nueva convivencia descubrimos alguna mutua coincidencia, algún gusto recíproco o cualquier cosa en común... Y eso nos gusta.
Realmente me sorprende lo honesta y sinceras que somos la una con la otra, no hay secretos. Todo me sabe. Todo le sé. 
Y es bueno saber y sentir que hay alguien en este mundo tan peculiar, a quien puedas entregarle tu corazón y alma entera sin temor a que pueda ser destruida... Excepto: cuando me vence la desesperación y frustración, o cuando le gana la mala intuición y extrema credulidad.

Por eso, este es nuestro trato:
Yo, Mireya, me comprometo a reconciliarme con la vida. A llorar lo que no he llorado, a ser honesta conmigo, a decir y vivir mi verdad. A escribir y leer más. A no dejarme vencer por mis propios pensamientos y a renovar constantemente y cuantas veces sea necesaria, mi actitud hacia la vida y las cosas que me hacen sentir viva.

Yo, Liz, me comprometo a restablecer mi pasión por la vida, y sincerarme con los que me hacen sentir viva. A ser leal a mis verdaderos deseos de vivir, y renunciar a la falsa idea de que mi vida se acabará pronto. A no traicionar mis anhelos de envejecer con engañosa clarividencia, y estar y ser para llevar a cabo mis proyectos y ver crecer a mi familia.

Prometemos, ser fieles a este convenio por el plazo mínimo de un año. Un año en el que cerraremos ciclos que nos atrasan en nuestro crecimiento y desarrollo. Un año que irá marcado por la fuerza de un tigre de fuego y la garra de un león. Por la perseverancia y el encanto de una serpiente de madera, y por la sabiduría de saber poner todo en la balanza para: cambiar de piel, de mente, de cuerpo, de ideas y prejuicios.

La serpiente para los mayas era: sabiduría y renovación. Y aunque el tigre sea impredecible, para la cultura china significa: protección, fuerza y riqueza. Ambos presuntuosos, vanidosos, elegantes y audaces. Una vez más, ¡qué potente coincidencia!, ¡qué bella armonía!.

Hoy, nuestras auras muestran el tono turquesa como señal de la intuición, la energía, el dinamismo, la influencia y el movimiento que nos empujarán a realizar éste acertado y conveniente renacer.

Quiero resumir nuestro pacto con las bellas palabras de Ángeles Mastretta:

“Yo me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contrariada. Me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos. Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas. Y nada abreviaré que deba sucederme: ni la pena ni el éxtasis para que cuando sea viejo tenga como deleite la detallada historia de mis días.”

Y sabiéndonos mujeres de palabra, que a pesar de nuestros propios desalientos, sabemos que encontramos el consuelo y el ánimo en el cariño recíproco para decir:
 "Cuentas conmigo. Cuento contigo. Estoy aquí. Y te sé y siento aquí. No estás sola. No estoy sola. Y más allá del pacto eterno de almas que nos precede, sellamos con un tatuaje en el corazón este pacto de amor."

A los Ángeles: Gracias.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Confesión de muerte...


"Los ángeles pueden volar... Ella susurró y saltó."

                          Por Mireya Cerrillo. 


Les voy a confesar algo:
He deseado morirme hace ya bastante años,
Que no sé qué hacer con tantos pensamientos extraños.

La verdad, no sé por qué no lo hago.
Mi miedo se convierte en parálisis. 
Y entonces me quedo así:
En el estrago de mi propio análisis.

Tuve una conversación con la muerte. 
Quería que le hiciera una calaverita a cambio de que ella diera paso a que me hicieran mi esquela. Finalmente.

Se quedó pensando...
Quizás acepte. 
Mi idea es buena. 
Ya no quiero seguir luchando. 
Y ella sólo quiere tenerme. 

¿Cuál es el problema Mireya?
¿Por qué te sientes tan triste, sola e indefensa?
Porque no comprendo la vida y aún guardo secretos que me hacen daño  día a día. 

No me siento yo. ¿Quién soy, qué soy?... Me siento vacía.
Sigo sin entender de qué se trata realmente esta puta vida.

¿De amar, de ser, viajar, querer...?
Ya lo hice. Déjenme irme.
Ya no quiero sentir que sobrevivo sin ningún sentido. 
No me digan que me quieren porque por un rato, aquí me detienen. 
No me digan que me echaran de menos, cuando poco es lo que nos vemos. 
Y al final, no me entienden.

Lloro de día y de noche. 
Entre libros y sueños.
Sin ningún motivo...
Tengo deseos de desaparecer simplemente. 

No soy nada. No soy nadie.
No sé para qué respiro.
Busco algo que me irradie
y que su luz me de un giro. 

Pero ese momento es un suspiro...
Quiero más. Quiero todo. Quiero nada. 
Quiero sentir que vivo... de algún modo. Mas tengo un corazón frío.

Soy suicida de pensamiento. 
Soy mi mayor riesgo. 
La voz en mi dice: será rápido,
vete y desaparece. 

Más algo me lo impide...
pero no por mucho tiempo.
Viene la peor temporada del año. 
Y quizás en un descuide... por fin me suicide.

Sólo lamentaría no haber escuchado de sus labios un te amo sincero. 
Y hasta eso: quizá lo dijo... y oir no pude por miedo. 

Ese maldito miedo. 
No me durará por siempre...
Soy mi mayor riesgo. 
Y entre tanta duda constante,
de una cosa estoy segura:
me dejaré llevar y por favor, no pueden ayudarme, no intenten detenerme.