Hola. Bienvenido a mi Blog.
Trataré de plasmar algunas de las locuras que corren por mi cabeza.
Haré de mi vida un desahogue de miedos y un desfogue de ilusiones. All Rights Reserved
Hace 4 años… dentro de poco y ya está… 4 años en Barcelona llegarán a su fin. 100 días nada más.
100 días para decir lo que no he dicho, para convivir con todos, para reír, tal vez llorar, para gritar, para callar, para dejar de ser un instante y dejarme llevar.
100 días para concluir y para empezar de nuevo, para cantar, para abrazar, para besar, para ser mediterráneo, para dejarme abrazar por el mar, para respirar montaña. Dentro del caos una bonita ciudad para ser Yo, uno más entre las miles de historias que aquí se entrelazan.
100 días para ver una y otra vez Barcelona: para caminar sus calles, para llevarme la eixample, para grabar a Gaudí, para imaginar en el gótico, para sentir el raval, para recorrer sus playas, para degustar el barrio de gracia, para disfrutar las terrazas, para caminar paseo de Gracia, para gritar al Barza y volverme blaugrana, para ser y vivir Cataluña.
Han pasado rápido estos 4 años, ahora lo sé… Historias, experiencias y amistades que me han enseñado y me han hecho crecer. Hoy, sólo 2400 horas, aún momentos inolvidables, de amigos entrañables.
100 días para despedirme o quizás para decir un hasta luego. Para contar historias y entre canción y canción, en Barcelona ciudad, al mig de tot, els catalans…
14 4000 minutos para dar las Gracias… a todo y a todos. Rodeada de montañas, con la vista al mar, vamos a ramblear, vamos a rumbear, a escribir más historias y de paso, saludar a Montserrat…
8640000 fugaces segundos para quizás no querer irme, para prometer volver, no recordar y después quizás añorar.
No puedes seguir inventando que el mundo sea otra cosa… Barcelona, tantas cosas por enseñarme, y otras mejor olvidar. Tantas aún por disfrutar, miles para rememorar.
100 días…Mireya la mexicana, esa del nombre catalán, la poblana que ara (no vull marxar, aixó ja ho farem demá)…cridará, viurá, será…
Por los días que fui feliz, por las lágrimas que me hicieron crecer. Por cada día, todos los días: t’estimo Barcelona.
Hace unos días que llevo encima un humor raro, peculiar y singular, mal dirían unos, de malas dirían otros. La verdad es que no era capaz de dar nombre a mi estado de ánimo, estaba inmersa en un choque de emociones y sentimientos que hoy finalmente, han brotado en lágrimas y han dado forma a uno sólo.
A casi 4 años de estar aquí, de haber vivido mil experiencias, aprendido infinidad de cosas y conocido a muchísima gente… aún hay una cosa que me sigue y seguirá causando nostalgia. Los días como hoy, los momentos como éste que hacen darme cuenta de lo fugaz que es la vida y lo importante que es mi familia.
Hoy ha nacido mi sobrinito y no puedo ser indiferente a la nostalgia que me provoca sentir la falta de los míos. Aceptar las decisiones que he tomado y me han traído hasta aquí, y que me hacen añorar momentos invaluables, ha sido una tarea difícil.
No puedo ni quiero ser insensible al hecho de que mi familia está creciendo y yo también. Que aunque la distancia no es más que un pretexto para volver a vernos, hoy duele reconocer que yo he tomado un camino paralelo a los momentos que más felicidad me traen. Me lastima y hace pensar demasiado dar la razón a eso de que los éxitos requieren sacrificios. ¿Quiero realmente ese éxito a costa de la ausencia y la añoranza? ¿Es egoísta decir que si? ¿Sería estúpido decir que no?
En mi cabeza dan vuelta tantas preguntas que no sé si quiero contestar, supongo que el tiempo, el divino tiempo ya dirá. Pero no puedo dejar de pensar. Y es que si bien la soledad ha sido una fuente de crecimiento personal, temo volverme fría, lejana, irreconocible quizás. He aprendido que afrontar mis emociones es parte de esta experiencia llamada vida, y poder darles nombre es parte de este viaje hacia la madurez… ¡Cuánto duele crecer! ¡Cómo hace daño aceptar!
¡Qué extraño es extrañar! Pero el tiempo pasa, eso lo sé, y quizás estos sentimientos también. De momento, ya no puedo estar de malas pues sé que no soy indiferente, me encuentro bien aunque una vez más, me sea imposible echarlos de menos …
He tenido la oportunidad de vivir casi cuatro años en Barcelona, España. Desde aquí, he aprendido a descubrir las cosas grandes y maravillosas que tiene México, mi país.
Cuando a un latinoamericano le preguntas sobre España o Europa en general escucharás respuestas del tipo: mejor calidad de vida y más cultura. Si por el contrario, al europeo le preguntas sobre Latinoamérica, tristemente dirá lo opuesto: pobreza y subdesarrollo, de historia no conocen y dudan que tengamos estudios.
La realidad de la Europa de hoy está lejos de ser la mejor, tiene crecientes problemas económicos, (unos países más que otros), con las peores tasas de desempleo en décadas, con serios problemas de inmigración, discriminación e intolerancia. Europa con sus leyes absurdas, con famosos ridículos y vulgares, con periódicos amarillistas, con pobreza, desigualdad y tristemente sumido en el individualismo…. Cualquiera diría que me he equivocado y estoy hablando de México.
Pero no, eso y más es Europa. Y a diferencia del mexicano, el europeo en realidad se hace escuchar pues ante todo, participa en sus comunidades a nivel local, promueve la cultura en sus colonias y no se sienta a esperar que todo venga desde arriba. Europa es un continente cuyos países reaccionan y funcionan desde abajo, es dirigido y activado por los ciudadanos; no por la élite política ni por falsas monarquías.
Es triste ver cómo es que los mexicanos nos hemos creído los falsos triunfalismos, vivimos con una mentalidad de pobreza y sobre todo, de indiferencia. Sí, México es un país rico, envidia de cualquier europeo conocedor: su comida única y sus paisajes inigualables nos convierte en un país riquísimo, tan rico, que nos hemos dado la maña de vivir en la pobreza, en la mediocridad mental, y en el valemadrismo.
Otra mentira que nos hemos creído y nos gusta comprobar, es que México es un país violento. México, es un país que sufre de violencia, pero basta convivir con el europeo para darnos cuenta de que el mexicano no es violento. El europeo por ejemplo, se extraña con el abrazo, pocos saben decir te quiero, se horroriza con risas escandalosas y todos se sorprenden con el contacto humano que provoca una caricia o un apapacho de cariño y apoyo. Por ese amor que a nosotros nos resulta natural, es que en Europa y Asia hay altos índices de suicidios y cada vez más gente en depresión.
Entonces, ¿cuál es la gran diferencia entre un país europeo y uno de Latinoamérica? La gente. Pues el europeo en cambio, valora el recurso más grande que tiene cada país: las personas. Aquí, a diferencia del mexicano, la gente trabaja un poco más en equipo, en lugar de estar viendo la manera de “chingarse” al de al lado e impedir su avance. El asiático por ejemplo, sabe que el éxito viene de su gente, y que el éxito significa progreso y progreso quiere decir mejor calidad de vida.
Sí, los mexicanos somos pobres…pobres mexicanos que no nos damos cuenta de nuestra riqueza, pero eso sí, nos sentimos ofendidos al sentirnos transgredidos. Sólo a los mexicanos nos está permitido reírnos de nuestras desgracias, (el humor del mexicano es único) pero que al extranjero no se le ocurra tocarnos porque nos sale lo patrióticos. Para mí, amar a mi patria es trabajar por ella. Amarla real y verdaderamente para darme cuenta de su riqueza. Hacerme escuchar como ciudadano. Amar a México es decir:
Y cuando desperté, recordé que soy mexicano y que tengo un país único.
Ésto el extranjero lo sabe, por eso va e invierte en México, y por eso también hay muchas cosas de México afuera del país, pero no saben igual si no son en México. He tenido la oportunidad de deleitarme con diferentes comidas, con probar el sazón de diferentes partes del mundo, y puedo decir con seguridad y con firmeza, que como los fríjoles de mi abuelita no hay igual, que no he probado manjar que produzca el placer que me evoca un mole poblano, una sopa azteca, unos tacos al pastor, unos esquites de carrito…Cada platillo es único por su sabor inigualable y su historia, pues cada uno cuenta una leyenda que revive una y otra vez en el paladar.
Por eso y más, estoy harta de volver a México y escuchar:
“Es que el problema es la crisis… El problema es el presidente, ¿cuál? – todos, ninguno sirve…”
El problema de México somos los mexicanos, y es hora de que despertemos y nos demos cuenta de que somos mexicanos y la gran responsabilidad que ésto amerita, el orgullo que significa y el poder que tenemos en nuestras manos.
Para que nuestro país funcione, hace falta cultura, es necesario movilizarnos como sociedad y dejar de hacer comentarios sobre lo mal que está todo, sobre la ineptitud de los gobernantes que nosotros elegimos y empezar a criticar lo criticable: nosotros mismos.
Es hora de censurar los pésimos programas de televisión que nos mantienen idiotizados, los talk shows baratos y las telenovelas de fantasía. ¿En dónde quedó el buen periodismo y los programas de concursos inteligentes?
No más pesimismo, México es uno de los países más espectaculares y bellos del mundo, aprendamos a cuidarlo y amarlo de verdad. El europeo daría cualquier cosa por tener las playas increíbles que tenemos y el asiático pagaría una fortuna por las frutas que ellos consideran exóticas.
México eres tú y soy yo. Sé que tenemos muchos problemas y graves. Pero estoy convencida de que la solución está en nosotros como sociedad. Yo exhorto a cada uno a pensar dos veces antes de hablar mal de nuestro país o nuestros gobernantes. Entre broma y broma, entre sospecha y sospecha, así nos hemos creído que somos pobres, violentos, tercermundistas, y hasta borrachos, siendo que en muchas ocasiones la infraestructura de nuestro país no es mucho peor que aquella del llamado primer mundo.
El europeo conoce la comida mexicana, disfruta del tequila y sabe algo de nuestra historia y nuestra cultura, pero aún se extraña de ver a una mexicana en Europa sin burro ni rebozo… yo quiero cambiar eso, quiero dar a conocer la buena cara del México que nos gusta a todos.
Y entonces desperté y recordé que soy mexicana, por eso opino. Por eso, me estoy preparando para ser mejor y ser muestra de que en México hay talento y gente dispuesta a cambiar las cosas, porque ya despertamos y recordamos que somos mexicanos… y lo único que sí me quita el sueño: es qué hacer para despertar a los demás y recordarles que todos somos México.
Hace unos días que una idea loca me ronda el entrecejo. En medio de éste breve balance en el que me encuentro a poco tiempo de empezar mi último semestre de universidad, mil ideas rondan mi cabeza.
Primero, trato de descifrar mis sentimientos al respecto, es decir, estoy emocionada por concluir mis estudios universitarios, por terminar esta fase de mi vida y mi ciclo en Barcelona. Por otro lado, tengo miedo a despedirme de la gente que aquí he conocido y a mis reacciones cuando ese momento llegue: decir adiós a algunos y hasta luego a otros. La nostalgia comienza a invadirme…
Comienzo a desentramar los momentos y las decisiones que me han traído hasta aquí. Trato de unir las piezas del rompecabezas que ha sido mi vida. Quiero saber para entender, y sobre todo, me obsesiona conocer mi pasado para poder preparar mi futuro.
Una idea loca ocupa mi atención últimamente… Cuando era pequeña dábamos cualquier respuesta a la pregunta: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Y es ahora, a mis casi 25 años que puedo dar la respuesta que nunca di cuando era niña. Quiero ser presidente. Sí, me encantaría ser la Primera Mujer Presidenta de México. Unos pueden reírse y pensar que eso es imposible, pero yo que soy muy indecisa, nunca había estado tan segura de algo que quiero y hoy veo tangible.
Tal vez no cuente en éste momento con un Partido Político que acoja mis ideas, y tampoco tengo los medios ni los contactos que me acerquen a la posibilidad de ser electa. Pero tengo las ganas. Y más que un sueño, es una meta por la que trabajaré para poder alcanzar.
Es posible que sólo sea una fiebre, pero me gusta que ésta idea caliente mi cerebro y me aliente a seguir adelante, a prepararme y a buscar la manera de servir a mi País. Tengo ideas que estoy segura se pueden aplicar en México. Soy consciente de lo que busco y lo que quiero, pero a mí me enseñaron que no hay imposibles. Que las oportunidades no llegan, se buscan. Y sobre todo, que está bien tener sueños que el resto considere imposibles, porque es probable que nadie más los tenga, y los que los tengan, no serán competencia, sino una posibilidad de trabajar juntos. Me enseñaron que no importa tener sueños altos, pues seguro es, que en alguna estrella quedaré. Así que mientras más alta sea, más brillante.
Hay muchas maneras de presidir, de dirigir y de ser…Y hoy, firmo la sentencia: la Gloria volverá a México, es hora de que los mexicanos recordemos cuánto valemos: la Gloria de un pasado asombroso, de una historia única, de un presente que no sabemos cómo sortear y de un futuro incierto pero esperanzador.
Mi nombre es Gloria Mireya Cerrillo Romero y voy a ser la Primera Mujer Presidenta de México.
Nada define mejor ésta palabra que éste día en específico… Recuerdo con especial amor, las noches del 5 de Enero en las que impaciente por el día siguiente, mis padres hacían hasta lo imposible por enviarme a dormir. Una vez en descanso, entre sueños juraba escuchar en el techo de mi casa a tres animales: un elefante, un caballo y un camello. Me gustaba creer que en realidad tres estrellas en el cielo vigilaban mi comportamiento. Me encantaba dejarles un vaso de leche y galletas para que ellos, pudieran seguir adelante. Me deleitaba escribiendo con detalle mi carta a los Reyes Magos, que año con año tendría respuesta de alguno de ellos diciendo que estaban orgullosos de mí y mis resultados académicos y las cosas que podría mejorar. Cada carta empezaba igual, “sé que no me he portado bien, pero estudio mucho…”, “sé que somos muchos niños, peros sólo quiero pedir…”, y terminaba con el más tierno, puro y sincero: “los quiere mucho…”. Me fascinaba la idea de poder enviar mis deseos atados a un globo, que llegaría al cielo y que ellos se encargarían de leer y hacer realidad. Amaba limpiar mi zapato y ponerlo junto al árbol, ahí cerquita del Nacimiento y escondidos por toda mi casa, encontraría mis regalos.
No sé si fueron reyes, padres o algún hermano que a colación trajeron sueños y lindos deseos. Siempre llenos de amor, de cariño y de magia. Sí, magia por hacer perdurar una tradición, magia al ver mi sonrisa el 6 de enero. Magia e ilusión que hicieron de mi infancia, una etapa feliz y completa.
A mí siempre me fue bien el Día de Reyes, aunque no siempre me trajeron todo lo que pedía, siempre recibí cosas que aprecié, jugué y disfruté hasta el cansancio. Mi mejor Día de Reyes: recibir a “Bunny”, mi perrita Pastor Alemán. Otro: el barco pirata de los Play Mobil escondido en el patio, el teclado oculto entre las sabanas de mi cama, la bicicleta lila, mis patines rosas y los patines en línea para que mi hermano y yo patináramos juntos, los nenucos, los cabbage patch, el micro hornito, y por qué no: otro “…inche” jueguito de té, que cada año recibía. Los juegos de mesa que reunieron a mi familia y nos dieron entrañables instantes juntos, y más adelante, los juegos electrónicos y películas que si bien nos reunieron en torno a la tv, también fueron lindos momentos compartidos. El karaoke, los cds, la música que me hizo cantar, las pijamas que me mantuvieron abrigada hasta altas horas de la mañana disfrutando de mis regalos, los dulces, los chocolates. Todos y cada uno de los pequeños detalles y los grandes regalos que por años, me hicieron creer.
De acuerdo al diccionario de la RAE Ilusión es: esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo. Hoy, otra vez y como cada año, es Día de Reyes, las ilusiones de antaño están en mí como una semilla que éste día brota en mí en forma del más honesto y franco de los agradecimientos. Gracias porque en México las tradiciones como ésta, siguen aún latentes y vivas.
Este año no hubo cartas, ni globo, ni regalos, ni rosca, ni zapato con una sorpresa, pero los recuerdos de una niñez feliz, hacen que éste día sea como el de cada año, lleno de amor.
Ésta noche echaré de menos la tradicional rosca de reyes que reúne a mi familia cada año para compartir, además de un rico chocolate caliente, historias de reyes pasados, de deseos cumplidos y regalos frustrados. Día en el que mis sobrinitas nos recuerdan que Melchor, Gaspar y Baltasar sí existen, que es posible creer y que la ilusión y la magia de éste día, vive en cada uno de nosotros… Gracias a los Reyes de mi casa que cada día de mi vida, me hacen sentir toda una princesa. Gracias por la Magia. Los Quiero Mucho.