Con admiración para Don Jorge...
Veracruz de Javier Solis
Hola. Bienvenido a mi Blog. Trataré de plasmar algunas de las locuras que corren por mi cabeza. Haré de mi vida un desahogue de miedos y un desfogue de ilusiones. All Rights Reserved

Entre las pláticas más comunes que las mujeres de mi edad tenemos, además de moda, cosas de actualidad y un sin fin de nimiedades, se encuentra por supuesto, el tema del amor...La búsqueda insaciable de ese otro que nos complemente. Las dudas, los miedos y las inseguridades que "entregarse" pueden traer. Y al mismo tiempo, las ganas, las incertidumbres y el deseo de saberse deseado por el sexo opuesto.
No sé cuántas diferencias haya entre la generación de mi abuelita y la mía. Pero seguramente, que la guerra de los sexos y la igualdad de género ha traído muchos cambios: Las mujeres nos volvimos más exigentes en algunos casos, pues mientras más se conoce el mundo, más profundo se vuelve el estudio antropológico del sexo opuesto, quizás más quisquillosas, o solamente menos deseosas de salir con "cualquier cualquiera". Creo somos de una generación de mujeres con ganas de comerse el mundo, y encontrar a un hombre que tenga las mismas aspiraciones que tú, no siempre es fácil.
Fue culpa de Disney que nos hizo soñar con el príncipe azul, fueron los viajes, los actores guapos que representan, una y otra vez, al mismo galán educado que (quizás) no existe en la vida real. Fueron los cuentos, la publicidad y la vida...La vida real que no viene en un corcel, ni da serenatas ni conoce el romance.
La vida real no es un cuento, a los galanes se les olvidó cómo ser caballeros. Temen a las mujeres con convicción y buscan lo fácil, sin compromisos ni ataduras de ningún tipo. Si no estamos para comprometernos, entonces para qué estamos. El mundo requiere de gente comprometida con nosotros mismos, con nuestros ideales, y por ende, con lo que nos rodea.
En cada café y charla con mis amigas tengo la fortuna de escuchar sus historias. Quizás es parte de este mundo internacional que forma parte de mi diaria realidad, quizás. Sea como sea, fuera lo que fuera...ya fue. Ya pasó...Hoy es una nueva historia.
Mis gustos son otros, mis exigencias son otras y mis ganas no son las de los demás. Me niego a ser parte de ese grupo de mujeres que vive en las nubes idealizando al sexo opuesto. Sin embargo, soy mujer, y como todas sueño y poetizo.
De momento, puedo decir que aunque tengo la ilusión, mis ideales tienen también otras formas, y para que alguien entre a mi vida tiene que entender qué tipo de mujer soy y cumplir altos estándares de educación y buenos modales.
Mientras tanto, disfruto del café con mis amigas, de las conversaciones llenas de banalidades, de compartir sueños y metas. De la poesía de la vida, y de las risas que idealizar y añorar al Príncipe azul traen consigo.
Por Mireya Cerrillo.
Hace más de 6 meses que estoy viviendo la Ginebra de las Relaciones Internacionales, una oportunidad única que se ha convertido en una increíble experiencia de aprendizaje y crecimiento.
Sólo aquí es posible apreciar y entender el significado de la ONU, de la diversidad multicultural y de estar en contacto con los verdaderos líderes del mundo y en el centro de operaciones más importante a nivel global.
Ahí, he podido ver a cantantes, embajadores y delegados de todas partes. Hasta ahora, he podido atestiguar dos grandes sucesos que han marcado mi estancia en tierras suizas. Por un lado, la visita de Hillary Clinton. Un discurso en la Asamblea General de la sede de la ONU sobre los derechos de los homosexuales. Más allá de las palabras, o de la intención de su visita, lo que más me sorprendió fue todo el protocolo desplegado para ella.
Ella, una mujer de 64 años, cuya opinión en el ámbito internacional tiene un increíble peso. Ella, una mujer en pantalones que resalta en un mundo de hombres.
Estamos viviendo nuevos tiempos. Una época muy importante de transición en la que la equidad de género comienza a hacerse cada vez más tangible. Aun así, son pocas las mujeres que tienen eco en la ONU.
Uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU es el empoderamiento de las mujeres, es decir, garantizar a las mujeres el acceso a los altos niveles de poder y puestos de gestión pública y privada. Sin embargo, aunque cada día son más las mujeres líderes, aún la brecha es enorme.
Por otro lado, he tenido la gran oportunidad de asistir al foro de discusión más importante del mundo: el Consejo de Derechos Humanos. Ahí, conocí a Margarita Zavala, Primera Dama de México.
Ella, una mujer de 44 años, líder en la política de su país. Una mujer sencilla, carismática y con un don de gentes que sin duda, resalta en la ONU, entre sus salas de reuniones, asambleas y conferencias, alberga las voces del mundo diplomático. Y entre esas voces: dos grandes mujeres (por mencionar algunas) que han cambiado las relaciones internacionales.
No sé qué será de mi vida en los próximos años, dónde estaré ni que haré. Sin embargo, mi propósito es firme y permanece constante. Quiero ser parte de ese exclusivo grupo de mujeres. De esas líderes que han causado un impacto social.
No pretendo sonar feminista, pero es verdad que aún vivimos en un mundo patriarcal. Donde los hombres tienen miedo a la pérdida del poder, y les asustan las mujeres que saben lo que quieren y están seguras de si mismas.
Si ese es el caso, quiero darles miedo. Porque sé lo que quiero y estoy segura que mis convicciones me llevarán más lejos. Quiero ser esa mujer en pantalones por la que se pare el tráfico, cuya voz atraiga cámaras de todo el mundo, y cuya labor sea reflejo de su cultura y de una increíble pasión por sus ideales.
Quiero ser México en el mundo...

Estos días algo me inquieta. Vuelvo a esas noches en las que mis pensamientos dan mil vueltas, y a esos días que por no dormir, ando como zombi.
Esas interminables horas de pensar, de asumir el futuro que me pisa los talones, de añorar un pasado lleno de nostalgia y de olvidarme de vivir el presente que me envuelve.
Estos momentos de desasosiego, de casi ahogo, pero en realidad, es el tiempo el que me abruma. Tiempo…La distancia entre un suceso y otro, la incertidumbre y las ganas de siempre.
Como siempre, tiempo para asumir cambios. Tiempo para hacer lo que se debe hacer. Para decidir, para crecer, para ser y hoy más que nunca, para estar.
El mundo está en crisis y pareciera que yo también. Pero en realidad no. Es sólo el tiempo el que me abruma… No sé si es la falta del mismo, o el saberme con tantas posibilidades, con tantos vacíos por llenar… hace que algo me apriete el pecho. Algo se me atora en la garganta, me explota en la cabeza y revienta con fuerza en cada poro de mi piel.
Es terminar, es volver a comenzar. Es crecer, es madurar. Es entender, es comprender. Es saber y no saber.
Es querer el mundo, quererlo todo y temer no obtener nada… Es tener el mundo y temer perderlo todo. Es temer al mundo y tener las ganas. Es querer la futilidad del tiempo…
Me preocupo por perder el tiempo, por no tener el tiempo, y por tener demasiado tiempo..
Entonces, ¿el tiempo es un desperdicio o desperdiciamos demasiado el tiempo?
Sea como sea, añorando el pasado o anhelando el futuro, la verdad es que el tiempo es ahora. Y aunque a veces de miedo, es emocionante descubrir cada segundo de lo que fútilmente llamamos tiempo.

Por Mireya Cerrillo
Ahora lo entiendo, Ginebra es una ciudad suspendida en el tiempo, es después de todo, la ciudad del tiempo.
Durante los primeros meses no comprendí el por qué de ese encanto diferente en la ciudad. Como de haberse quedado en otra época, en otro tiempo, donde todo es tranquilo, silencioso, a veces (para mí) incluso aburrido.
Es una ciudad de postal, con su lago, sus montañas, sus colores grisáceos, las nubes bajas, el clima frío. Da la sensación de estar congelada en el tiempo por sus edificios: viejos, “protestantes”, su arquitectura sin color, y ese ritmo sereno.
Ser la ciudad del tiempo va más allá de ese encanto peculiar. Son las casas de relojes, “maison du horlogerie”, que ofrecen sus productos no como simples relojes, sino como “máquinas del tiempo”… La puntualidad suiza se explica también por eso.
Lo importante no es saber la hora, o el día, es comprender que detrás de cada pieza hay un trabajo artesanal y un legado de hace décadas. Sí, son grandes marcas que empezaron como pequeños negocios familiares, manuales, únicos y que hoy son exclusivas casas.
Ayer me acerqué a una de estas grandes marcas, en realidad, una tienda pequeña, elegante, única. Entré por curiosidad a preguntar el precio de un reloj que llamó mi atención. No puedo explicar la experiencia pues es como de película. No es una tienda, es una boutique, no hay una vitrina a la que puedas señalar, es un catálogo y una lista de precios. No es un vendedor, es un experto en el arte del tiempo.
Ahora pueden imaginarse el tipo de tienda y la exclusiva clientela que visita el lugar, afortunadamente, el vendedor notó mi interés en el arte de la relojería y me atendió como atiende a un jeque árabe, o a un adinerado ruso… Con ganas de vender, y yo de comprar...
Es peligroso tener buen gusto, (sí, tengo demasiado buen gusto) pues cada vez tus aspiraciones son más altas, y tus intereses se perfeccionan. Aprendes a apreciar el por qué de las cosas, y a valorar los detalles que hacen que cada pieza sea única, diferente, a distinguir marcas y “casas”.
Para muchos quizás sea un simple reloj, para mí es una obra de arte, una máquina del tiempo que no está para decirte la hora, sino para recordarte que el tiempo son momentos, y hay que congelarlos, valorarlos, recordarlos, heredarlos, disfrutarlos.
Evidentemente, hoy no puedo acceder a esa pieza, sólo a admirarla, añorarla y quizás, algún día, en otro tiempo o en éste, ser portadora de una verdadera máquina del tiempo. (Revelar el precio de la pieza podría desmallar a más de uno. Es como tener una casa en tu muñeca.)
Mientras tanto, vivo en la ciudad del tiempo, rodeada de estas boutiques, aprendiendo el arte de la “horlogerie” relojería, de la futilidad y lo valioso que es el tiempo…Coleccionando momentos, trascendiendo.