"La soledad lo es todo cuando no tienes nada."
Por Mireya Cerrillo.
Comprobado. Por alguna extraña
razón funciono mejor en soledad. A pesar de ser seres sociales algo hay de
atractivo en el destierro y la
nostalgia. Al menos a mí poco a poco me cautiva y atrapa.
La reflexión, el autoconocimiento,
la vida sin límites, respirar: son cosas que poco a poco me devuelven a la
vida.
Dice la canción que no hay más
destino que el camino en soledad. Hace tiempo que me aferro a la vida conmigo
misma. ¿Cuánto tiempo será así? Supongo que el que yo elija.
Entre mi país y este sitio al que
he decidido emigrar hay más de 9,000 km de distancia. Sin embargo, cuándo estoy
en México me siento tan lejos de todo e inexplicablemente cuando estoy aquí me
siento cerca, terriblemente cobijada a pesar del frío de mi alma. No hay medida
real a la distancia aunque estar aquí me aleje de los que más quiero.
Pero los suspiros se quedaron atrás,
añorar no es una opción y partir es una decisión de vida. Mis fantasmas me
siguen a donde yo vaya, los alimenta el miedo y la desesperanza. No hay melancolía,
sólo una triste melodía.
¿A qué sabe la libertad? ¿A qué
huele?... Me lo pregunto constantemente. En este momento tiene un sabor dulce-amargo
de incertidumbre mezclado con un poco de insensatez. Huele a un atrayente aroma
de miedo y se siente en cada poro de mi cuerpo.
¿Cómo no
querer vivir en soledad, en el destierro, en la imprudencia y el desacierto? Si
sólo se vive una vez, es una gran manera de existir… Pero no por mucho tiempo, no
puedo confesar lo que de veras pasa por mi cabeza, no puedo decir lo que sacude
mi mente. ¿Si siguiera mis desenfrenados pensamientos? ¿Si esa fuera la
solución permanente?... Pero la muerte no se anuncia, la muerte se espera plácidamente.
Esto puede ser una sacudida hacia la vida o un empujón hacia la muerte. ¿Qué
será realmente?...
Hasta
entonces la soledad demanda ser vivida, pues vivir en soledad es la demanda
primaria de la vida.
Por eso
digo que tomar decisiones de adultos puede ser el más divertido juego de niños. Vivo
en esta elegida soledad, entretenida con mis días nublados y tus días de luz. A
gritos sordos que te aclaman y en voz baja que musita un permanente adiós.
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