domingo, 10 de enero de 2021

Y llueve . . .

Por Mireya Cerrillo. Qué increíble regalo me hace la vida. Es de noche y llueve mientras leo un poema y escucha una que otra canción desesperada. Me asomo por la ventana, me moja la vista y de repente como un fantasma, apareces entre la niebla que no se acaba. Eres tormenta, definitivamente, altivo caminas de manera independiente. Yo tonta y aún niña corro a encontrarte bajo el agua. Salto en los charcos, la acera está mojada, los minutos parecen años y me pierdo en tu mirada. Llueve, amor llueve estamos húmedos y llueve, amor llueve. Me das un beso enamorado uno bien empapado y despierto de un sueño alborotado. Llueve, amor llueve, hay un lodazal allá afuera. Es de noche y cae un chubasco que puede entorpecer a cualquiera. Lluvia de Enero, frío en mi cuerpo. Quisiera abrazarte con empeño me sucumbo a la realidad de nuestros distantes encuentros.

domingo, 3 de enero de 2021

Planetas...

 


"No lo arruines, los buenos planetas son difíciles de encontrar" Revista Time.


No sé de qué color son los planetas
verdes, naranjas o violetas.
Si es que se puede ver la diferencia
para eso está la ciencia.

Mercurio es el más pequeño,
con su doble amanecer.
Debe ser todo un ensueño
poderlo ver.

Venus recibe su nombre gracias a Afrodita,
diosa romana del amor.
Quizá por eso digan que de ahí venimos las mujeres
porque es la única bendita que entiende el tremor del desamor.

Tierra, nuestro amado planeta azul.
Con sus playas y desiertos.
¿Por qué no lo cuidamos como debiera?
Buscamos vida en otras galaxias,
y nos olvidamos de las de esta.

Sólo sé que marte es rojo,
incandescente y ardiente.
Habría que echarle un ojo
para ver su es tan sugerente.

Nombrado por el dios Júpiter,
es el más brilloso en el año.
es el más grande y más intenso.
Así como Zeús en su interior.

Saturno con sus anillos
pareciera estar comprometido
en hacer girar tu sistema
hasta hacerte caer desvanecido.

A Urano se le confundió con una estrella,
y Neptuno es gigante y helado,
ambos llevan nombres de dioses
y a veces nos regalan fotos con buenas poses.

Pero de toda la bóveda celeste,
mi favorita es Selene.
Esa luna que conoce mis secretos
y con quien lloro en silencio y a dueto.

Con el rostro pálido y empero brillante,
la luna contiene mi historia y sostiene 
Selene, los días que vienen. 






lunes, 14 de diciembre de 2020

Huidizo...

 

                                                        Amor fugitivo, escultura de Rodin.


"Qué importa esperarte un ratito, cuando jhace más de una vida que nos venimos queriendo encontrar", Brando.


Intento no pensar en aquello que fuimos,

Sin embargo, si me dejo llevar,

oníricos deseos es lo que entreveo.

 

Recuerdo mil y una cosas,

Detalles, momentos.

Y solo eso puedo hacer: rememorar.

porque ahí se queda todo: en la memoria.

 

Mas no puedo dejar de cuestionarme.

¿y tú qué piensas?

¿y tú qué sientes?

Sea lo que sea, se queda en un silencio perenne.

 

No te preocupes. Lo intuyo.

Lo tuyo. Lo mío es algo huidizo.

Se escapa de mis sentimientos.

Se va de tus manos.

 

Nos evade y se evapora.

Y como yo en todo.

Me fugo más permanezco en capricho.

Con una idea, una tonta ilusión.

 

Seamos amigos.

Seamos francos.

Seamos honestos.

Seamos lo que no fuimos.

 

Ese par de huidizos y fugitivos.

Que no saben amar,

Que se desean abrazar.

Escurridizos nos dejamos llevar.

 

A huir, a escapar, a no ser y no estar.

A correr, dispersarnos…

En sueños, o a ratos.

En vida o en el más allá.

¿Esta vez quién se irá primero?



Amor fugit de Rodin: Dante describe en el segundo círculo del Infierno el errar sin fin de las parejas unidas por un amor prohibido, a lo que Rodin añade una inspiración baudelairiana. El hombre y la mujer no desempeñan el mismo papel: la belleza y la sensualidad de la tentadora, arrastran al hombre hacia su caída.

domingo, 25 de octubre de 2020

Fracciones...

 

“La vida no se mide por los momentos que respiras, sino por los momentos que te quitan el aliento.”

Soy Mireya.
Escribo desde la calma y la misma tormenta.
Sobreviví a lo más fuerte y poderoso que conozco:
Yo misma.

No, no es un ego inflado.
Es uno desganado.
Uno que se ha rendido a la vida y a la muerte....
Y han logrado estremecerme.

Puede que me sienta fuera de lugar.
Ajena.
Con ganas de reír y jugar...sin pena.
Pero sigo si algo siento es miedo, resiliencia comprendida.
¡v i v i r!

Ir, venir. Subir, bajar.
Lo mismo pero diferente.
Yo: la misma de siempre. 
Con mis nostalgias y añoranzas,
Esa alma triste pero con un motivo y una constante.

Algunos instantes.
Esa mirada.
Esos ojitos que parecen míos y no lo son.
Esa nariz que respira por dos.
¡Me fortalece!

Muero.
Morir lentamente y estar de regreso.
Me veo en ti y de pronto ¡búm!
¡pertenezco!.

¡Gracias por existir!
¡Te extraño!
¡Te necesito!
¡Recupérate pronto!
Pronto es ahora.
Ahora ya es tarde.
¡Te quiero.!
Enséñame el mundo.
Tú. Yo. ¡Te comparto y te comprendo.!
De corazón, mi corazón te lo agradece.
Gracias. Gracias. Gracias.

Mi letra ha cambiado: eso parece.
Es más pequeña. No tengo fuerza.
Sin embargo, el dolor y la pena: musas y compañeras de lenguas.

Me morí durante un lapso de entre seis y siete.
De un día siete del mes diez del veinte veinte.

Parecen fracciones: así la vida. Así la muerte.

A momentos.
A ratos.
A espacios.
A silencios.
A instantes...





miércoles, 7 de octubre de 2020

Concluyo que es momento de concluir...

 


Mi nombre es Gloria Mireya Cerrillo Romero, tengo 34 años recién cumplidos y esta es parte de mi historia.

Nací, de acuerdo con los registros, un lunes 29 de septiembre de 1986 a las 15.50 p.m. Se dice, era un día lluvioso. Quizá así se quedaron mi corazón y mi alma: nublada.

Haciendo memoria, me doy cuenta de que siempre fui una niña “diferente”. Mis primeros años me caracterizaban por ser una niña tranquila: “Mireya, la calladita” dictaba mi regalo de la maestra de 3º de Kínder. Estudiosa, valiente, cumplida, aplicada, con un sentido de pertenencia en la escuela: leyendo y aprendiendo supe encontrar un lugar sólo para mí. Disfrutaba hacer mis tareas y obtener mi merecido 10.

La primaria no fue diferente, simplemente que los problemas previos de gripes constantes y resfriados derivaron en una neumonía que me llevó un par de semanas al hospital. Recuerdo estar ahí, despertar entre sueños y ver cada día a mi abuelita y a mi mamá llorando y rezando. Y así supongo que las dejaré: tristes y otorgándome sus bendiciones. La secuela de esta hospitalización fue el asma: una enfermedad respiratoria que emocionalmente se relaciona directamente con la tristeza.

Mi adolescencia comenzó contrariada como la de todos, sin embargo, ya desde entonces sentía poco amor por la vida, no le encontraba sentido y mucho menos la entendía.

Admito, que desde los 13 años pensaba que saltar desde el balcón de nuestra casa terminaría con todo ese pesar y dolor que, en ese entonces, no entendía.

Como era de esperarse, terminé mi etapa de educación básica con éxito: con las buenas notas que ya me precedían, con uno que otro desencuentro con las matemáticas, física y química.

Recuerdo que mi primera elección de carrera fue ser Chef, y en mi casa me dijeron: “Mireya, eres mujer, un día te vas a casar y te la vas a vivir cocinando. ¿Quieres hacer eso en tu trabajo? No vas a llegar lejos, todos los chefs famosos son hombres. Tienes potencial para más”.

Obedecí al consejo y entonces pensé en Psicología, gracias a la clase que llevamos en el Bachillerato me fascinó saber sobre la mente humana, las emociones, y la función de los neurotransmisores en nuestro cerebro. ¿Quién lo diría?

Después, mi idea se centró en que poseo un talento nato para escribir, y decidí contar historias. Entonces, me decanté por Periodismo. No obstante, siguiendo falsos sueños e ilusiones me metí a estudiar Medicina, quería entender mis pulmones, y darle voz a los niños que padecían enfermedades respiratorias.

Mi cambio de carrera a Periodismo fue inmediato, así como mi salida de esta, debido a que no me representaba un reto, pero sí un desgaste escuchar a un profesor misógino aseverar que, para llegar lejos en esa profesión, había que “dar las nalgas”, esto lo dijo a un grupo de 7 mujeres y 1 hombre.

Mi siguiente paso fue irme a España, porque las mejores escuelas de Periodismo estaban ahí. Porque tampoco me dejaron irme a la Ciudad de México a la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Literalmente me dijeron: “antes a Australia que a la inseguridad de la Ciudad de México.” No fue a Australia, pero sí a Europa, un continente que me permitió en la soledad y la distancia, conocerme, reconocerme y saber exactamente de dónde vengo. Gracias a esos años estudiando las más hermosas carreras: Humanidades y mi maestría en Relaciones Internacionales y Diplomacia, aprendí lo maravilloso que es el mundo, lo cruel que es también, pero, sobre todo, el valor de mi lengua, de mi cultura, de mi persona para dar voz a los temas que me apasionan. Son pensándolo bien, dos carreras que se complementan y dan equilibrio, una me enseñó lo bello, y la otra, la parte mala de la humanidad.

Supongo que erré al alejarme de mi sueño primero: el periodismo internacional. Porque verán, a mí me gustan las cosas a lo grande. Entonces no me conformaba un periódico local, yo quería las grandes ligas, estar a la par de Christiane Amanpour, quería sentarme con los buenos y los malos, interrogarlos, dar respuestas a las cosas que parece nadie miraba, y una vez más, usar mi voz.

 A pesar de ello, mis primeros pasos laborales fueron en el área de la docencia, me gustaba enseñar y aprender y desaprender, pagar mis deudas con mis propios maestros que soportaron mis risas y bromas.

En todo lo que he hecho, siempre me he dicho: “se la tía que te hubiera gustado tener”, “sé la hermana que te hubiera gustado tener”, “sé la profesora que te hubiera gustado tener”. Y así lo hice. Fui empática con las emociones de mis alumnos, fui paciente con los que no me entendían, fui más allá de las aulas para enseñarles ese mundo que yo ya había probado. Hubo quienes lo aceptaron con amor y así, con cariño me lo agradecieron, en cambio, el sistema no lo vio con buenos ojos. “Un profesor no puede ser amigo de sus alumnos”. Pero ¿cómo? Si a mí la vida me enseñó diferente. A mí los europeos me enseñaron diferente, allá se les habla de tú al profesor que es tu igual como persona, si bien será tu superior académicamente. Y eso es lo que vas a aprender. Y guardo con recelo y afecto las veces que en el “bar de la uni” compartí los alimentos con mis profesores y “no pasaba nada, no estaba mal”. Era normal.

Ya en la uni me sentía terriblemente triste y admito que busqué el apoyo al que en ese entonces podía acceder: a la clínica de atención psicológica de la universidad, a las tutorías, las charlas, conferencias… Pensé que mi insomnio era un eterno jet lag, y que mi tristeza profunda era solo nostalgia.

Nadie me supo guiar. Y escribí y escribí sobre todo lo que sentía en ese blog que pocos conocen.

Una vez más, me gradué magna cum laude de mi maestría y con mención honorífica a mi tesis de licenciatura. No fue un 10 porque mi asesor de tesis tuvo que auxiliarme con la presentación de power point que yo había olvidado en mi casa en un usb por los nervios, y eso me costó un punto.

A mi regreso definitivo a México, noté que todo eso que me pasaba era mucho más grande que yo y me dio miedo padecer esquizofrenia como varios de nuestros familiares. Así que por mi propia cuenta y con el apoyo de mi cómplice de siempre, mi querido primito Artur, acudimos a ver a una psiquiatra quien me diagnosticó con ese primer grado de bipolaridad llamado ciclotimia.

Cuando lo comenté a mis hermanos, ellos juraban que yo iba a salir del clóset o a decirles que estaba embarazada, cuando lo único que iba a explicarles era que necesitaba ayuda. Gracias a su consejo e incredulidad me solicitaron ir con otra Dra. y pedir una segunda opinión. La Dra, que desde entonces me ha tratado por trastorno bipolar II, el siguiente nivel de este trastorno del estado de ánimo o del humor del que he leído hasta la saciedad, he aprendido a conocerlo, y a sobrevivir con él. Sí, sobrevivir, porque después de todos estos años de tratamiento y terapia, no siento que esta sea una manera de vivir. Y me sigo sintiendo como esa niña: con poco amor por la vida, sin encontrarle sentido y mucho menos la entiendo.

No es normal “vivir” triste todo el tiempo, con un vacío y un sentimiento constante de desesperanza y de ser una carga para todos porque “no he logrado nada”.

Es por eso, y después de intentar y volver a intentar, de buscar toda la ayuda que pude obtener, de revisar una y mil veces los efectos de mi decisión.

Concluyo que es momento de concluir.

Y la única razón por la cual les dejo esta carta, a quienes deseen leerla, no es para que me entiendan o me intenten comprender, y mucho menos me perdonen. Sino para que se liberen de la culpa, de los cuestionamientos, que no llenen este hecho de estigma, silencio y mentiras a mis sobrinos. Es lo que es y punto.

“No es un acto de egoísmo ni de cobardía ni de falta de Dios; es el desenlace de una enfermedad”.

“En esto también cuentan los recursos emocionales de la persona, las redes de apoyo y si tienen algún trastorno mental. Es una enfermedad. Nadie se enferma porque quiere. Hay que pensarlo como un cáncer mental, que se desarrolla, no es algo impulsivo, hay toda una etapa de planeamiento.”

“Sigue siendo una enfermedad. Quien se suicida no quiere morir, lo que quiere es dejar de sufrir.”

Perdónenme, pero "La vida se me ha vuelto tristemente insoportable."

     Los dejo agradecida de haberlos podido llamar Mamá, Papá, hermanos, sobrinas y sobrino, cuñadas, primos, tíos, amigos, conocidos y desconocidos.

     Los dejo agradecida de cada experiencia vivida, compartida, viajada, leída, amada, reída, llorada, comida… Los dejo amándolos profundamente con un beso con aroma a café y sabor a olvido.

Los dejo porque esto para mí, es un acto de (auto)eutanasia. Y no pueden salvarme de mi misma.

Sepan y estén seguros de que ni su amor ni su apoyo fracasó.

Lamento dejarlos con este dolor, pero el que yo siento, Uds. ni siquiera lo comprenden. No lo dimensionan.

Deseo encuentren la paz que necesitan. Deseo puedan sanar esta y otras heridas juntos.

Deseo que den voz a mi historia y que a pesar del dolor que pueda haberles causado, sepan estar sin mí, pero conmigo en sus corazones.

No hay culpables, sólo un mundo que no está preparado para mi y estoy cansada, muy cansada de intentar.

Los quiero siempre. Les agradezco siempre. Y lamento haberles fallado.

 Con amor, Mireya.


P.D. Por favor les pido que me cremen y dejen volar. No me abandonen bajo tierra. No nací para estar enterrada, sino para volar en libertad. Y si mi intento falla, no me dejen regresar.

No tengo nada que heredar más que mi sentido del humor negro y ácido, nada más que mi corazón sensible con un lugar para todos, y una sonrisa brillante que siempre ocultó una profunda tristeza.


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Septenios...

Por Mireya Cerrillo. 

"La vida humana tiene tres fases. Veinte años para aprender, veinte años para luchar y veinte años para alcanzar la sabiduría." Proverbio Chino. 

 "La juventud es una época de idealismo, la adultez de escepticismo, y la ancianidad de misticismo." Goethe. 


 Según la teoría de los septenios, la antroposofía divide el desarrollo personal en ciclos de 7 años que marcan la evolución de la conciencia de cada persona a lo largo de la vida, ocurriendo así, cambios significativos en nuestra vida cada 7 años. El filosofo Rudolf Steiner sostiene que, la fase vital clave es la de los 20 a los 35, ya que es durante esta etapa de máximo desarrollo que surge el impulso de darnos al mundo a través de nuestra vocación o de nuestro rol familiar. 

De acuerdo a las biografías tradicionales, es a los 35 cuando el Buda alcanzó la iluminación, y una edad semejante tendría Jesús en el momento en que su vida y obra culminan. Dante Alighieri inicia la Divina comedia afirmando que se halla, a los 35 años, en medio del camino de su vida. Alejandro Magno había conquistado gran parte de Europa impregnando de la cultura helenica a los territorios sometidos, muriendo a sus casi 33 años. Mozart falleció a los 35 años dejando un gran legado musical. 

 Este tumultuoso 2020, si bien cumplo 34 años, me doy cuenta de que entro en la última vuelta al sol de este septenio tan significativo, pues se dice que las capacidades físicas y mentales tienden a culminar a los 35 años de edad, por ejemplo, es la edad en que los jugadores de ajedrez suelen llegar a su máximo nivel.

 ¿Cómo culminaré esta etapa?. No dejan de asombrarme las experiencias vividas en diferentes aspectos y áreas del conocimiento. Hoy sé que es normal cuestionarme si estoy en el camino correcto o qué otro debo seguir. Preguntarme si sumé nuevos valores a mi vida. Si he encontrado y vivo mi misión; y si bien aún no tenga todas las respuestas, cuestionarme me hace pensar que quizá voy por el camino correcto. 

 Dicen que de acuerdo a los septenios me encuentro en el inicio de la llamada crisis de la autenticidad, esa en la que nos volvemos genuinos asumiendo quienes somos y responsables de lo que nos sucede. Así me siento: aperturando la siguiente etapa de espiritualidad, y aceptando (a ratos) quién soy realmente.

 "Aquí estoy yo".

 "Esta soy yo." 

"Acéptame como soy, sea quien sea". 

He cumplido 34 años, y el viaje en sí, ya me parece suficiente: lo recorrido y aprendido a veces lo siento justo y necesario para dar por terminado mi ciclo de vida. Mientras que en otras ocasiones me veo inmersa en mis absurdos pensamientos cuestionandome: ¿si tengo algo y qué tengo que ofrecer durante los siguientes 7 años?, o ¿qué va a ponerme la vida enfrente durante este próximo septenio?. ¿Será finalmente todo lo anhelado o seguiré deambulando por la vida?. Citando la canción de Alejandro Sanz, como un zombie a la intemperie. 

 Sea lo que sea, y mientras decido si puedo continuar o debo culminar mi vida, y sabiendo que no soy Cristo, Buda, Alejandro Magno ni Dante ni Mozart. Que simplemente soy yo: agradecida con la vida, rota a ratos, risueña siempre; me viene a la mente una frase de la actriz y cantante francesa Dalida, quien se suicidó dejando la siguiente nota: "La vida se ha vuelto insoportable… Perdónenme”. 

"La vida se me ha vuelto tristemente insoportable."

¡Feliz cumpleaños a mi!.

viernes, 21 de agosto de 2020

El mar y yo...

                                           “Playa Médano, Cabo San Lucas: mi rincón de paz.”


                                                                                                                                  Por Mireya Cerrillo. 


El mar sabe a nostalgia con un poquito de sal...
Una sal que escuece el alma.

En la arena siento un calor que se me antoja a soledad.

Y con el vaivén de las olas, me percibo ausente en un viaje a la memoria. 

La playa me arropa, el barullo me alegra; todo esto me calma.
Y si bien, a veces olvido quien soy:

El mar sabe a añoranza con una pizca de gracia.

Construyo nuevos sueños areníscos que se van al océano y se pierden en su bendita infinidad.

En ese azul claro y profundo quizá me vuelva a encontrar.

En sus aguas me limpio y quieta ante su inmensidad; el silencio me habla y me vuelve a inquietar.

El mar sabe a serenidad. 
El sol me invita a arder.
Y en éste médano en el mar de Cortés, renazco para volver a ser.


lunes, 20 de abril de 2020

Mireia...


"Mireya, este nombre afortunado que trae en sí mismo la poesía. - Es Mireya -decía ella- es la bella Mireya: una historia perdida, de la cual tan solo existía el nombre de la heroína y un rayo de belleza dentro de una bruma de amor." Frédéric Mistral

Por Mireya Cerrillo. 

Tal y como ha quedado establecido, mi abuelita nació un Sábado de Gloria, 19 de abril de hace exactamente 95 años. Como era la costumbre, la nombraron de acuerdo al santoral del día, y cumpliendo también con la tradición de los bautizados hijos de Cristo, le añadieron el nombre de María. Así, su nombre es: Gloria María. Años después se convertiría en madre, y siguiendo el ritual de la onomástica en el que los primeros hijos llevarían el nombre de los padres, a mi mamá la llamaron Gloria y le antepusieron el María para hacer la generosa distinción con su progenitora al invertir el orden, y claro, haciendo eco del ritual ya explicado, ella es: María Gloria. Muchos pero muchos años después, y tras tres varones, nació la "esperada nena de la casa", ósea YO 🤭🤗. Y como no, siendo la única mujer heredera del nombre de mi mamá me llamarían ¡Gloria! Afortunadamente, hicieron caso omiso al santoral del 29 de Septiembre y no me llamaron Micaela. Y siendo que María ya no cabía ni al derecho ni al revés y después de un claustro familiar, mis hermanos decidieron llamarme Mireya. Muy parecido al María, del francés Mireille y proveniente del verbo occitano "admirar", y del catalán Mireia que etimológicamente proviene del provenzal y significa "meravilha" (maravilla). Mireiya es decir: "maravilla admirable". Así, mi nombre es más apóstata que cristiano, pues me llamo Gloria Mireya. El autor francés Frédéric Mistral, nacido en la Provenza y escritor en lengua occitana, inmortalizó el nombre de Mireia en la obra que escribió y por la cual más adelante el asteroide 594 se llamaría Mireille. Parte de ese famoso poema lo cito a continuación. Mistral dice en sus memorias que este nombre lo había escuchado solamente a su abuela y su madre: (Obviamente) "Mireya, este nombre afortunado que trae en sí mismo la poesía, tenía que ser fatalmente el de mi heroína, puesto que, desde la cuna lo he escuchado en casa, pero solamente en nuestra casa. Cuando la pobre Nanon, mi abuela materna, quería complacer un poco una de sus hijas decía: - Es Mireya -decía ella- es la bella Mireya, es Mireya, amores míos. Y mi madre decía, para complacer a veces a una chica: - ¡Atención! la veis, ¡Mireya, amores míos! Mas cuando pregunté sobre Mireya, nadie me supo decir nada: una historia perdida, de la cual tan solo existía el nombre de la heroína y un rayo de belleza dentro de una bruma de amor." Quizá me identifico con la historia... Y bueno, el final ya lo saben: No habrá más Marías, ni Glorias, ni mucho menos Mireyas, pues mi vástago se llama Poochini (en hommage al grande compositor de óperas italiano Giacomo Puccini)... 🤭 ... Si han leído hasta aquí, ahora se pueden reír y podéis ir en paz. Por su atención, Gracias... Mensaje de mi mamá: Ok, pero Mireya significa "mi estrella", y es el homónimo de la Virgen "María". (El equipo de redacción no ha encontrado pruebas fehacientes de lo que ella afirma.) 🤪🤣😂

Ella y yo...


“Y al final, las dos se querían pero no sabían cómo hacérselo saber...”

Por Mireya Cerrillo.

He tenido esta batalla tantas veces, que siempre sé cómo acaba. He sido parte de la discusión y de la Paz. Y ahora quiero ceder paso a la reconciliación entre Ella y Yo.
Leí: “El hijo con el que más discutes, es el que más se parece a ti”.
Veamos: ella es de personalidad sensible, con el corazón de poeta, con una enorme necesidad de sentirse amada, y con un carácter alegre pero explosivo. Ella no sabe medir sus palabras cuando se siente agredida. 
La diferencia: No conoce las palabras perdón ni olvido. 
Quiero sanar esta herida y no sé por dónde empezar; nos rompimos hace tiempo por una mentira a la que diste lugar. Después, es verdad que yo cometí un error que te causó decepción y tristeza, cómo si algo hubieras hecho mal. Y ni me perdonas, ni lo olvidas.  Estas ahí para recordármelo de la peor manera y en el momento más inapropiado. Siempre está ahí tu herida, esa que yo no sé cómo sanar. Dices que te recuerdo mucho a papá, y aunque para mi es algo bueno, sé que para ti no lo es. Y eso duele.
Sé que tienes un pasado difícil, todos lo tenemos, pero para ti se trata de un concurso de quién lo ha pasado peor y esa serás tú para ganar.
Contigo hablar, todo es una competencia de protagonismo o victimización, no hay diálogo. Es imposible conversar.
Sin embargo, he aquí mis mejores recuerdos contigo: Cuando me llevabas al colegio y en el auto solíamos cantar, cuando te desvelabas leyéndome alguna lección para que yo aprobara un examen. Cuando estuviste a mi lado rezando porque casi me moría. Pero el más bello: cuando me llevaste a ver Hércules sobre Hielo, lo cual sé, supuso todo un esfuerzo porque es mi peli favorita e hiciste todo cuanto pudiste para comprarme el peluche de Pegaso que aún guardo con cariño.
Las tardes de teatro: “El hombre de la mancha”, “Cirque du Soleil”, “Viena y el vals”, ver los musicales de Broadway y conciertos compartidos, desde Mocedades a los BackstreetBoys. Pasando por Lila Downs y Raúl DiBlasio.
El peor: cuando me miraste sin orgullo y con violencia, y ese es el que no has podido superar porque insisto, siempre me lo recuerdas con brutales adjetivos.
Hace 5 años, en el preludio de un 10 de mayo, fue que sentí que dejaste de ser mi mamá. Esa de antes y te convertiste en este ser incapaz de sentir empatía, o de dar una palabra de amor. Y es verdad que nadie da lo que no recibe. Y nos veo, y te veo a ti y a mi abue, y digo. No puede ser. Cuánta similitud en la pelea. Cuántas heridas en el camino. Incluso te lo dije: “lo que tú sientes por tu abuelita, lo siento yo por la mía; y lo que sientes por tu mamá, lo siento yo por ti.” Sólo hubo lugar para el silencio.
Y aquí estoy. Escribiendo para entender, para llorar, para buscar una respuesta a ese silencio que nos separa y solo sabe atacar.
Porque al final sé, que no porque no me quieras más, significa que me quieras menos. Pero no sé cómo hacértelo saber a ti...
Sin embargo, estoy abierta a la oportunidad que me da la vida de tener tremenda guía  para poder decir, hágase su voluntad. Quiero sanar, quiero avanzar. 


sábado, 11 de abril de 2020

Confinamiento...


"El tiempo acaba con la epidemia del amor" Joaquín Sabina

Por Mireya Cerrillo. 

Estoy en confinamiento con el resto de la humanidad. Cada quien en su espacio, en su mundo y en su extraña soledad. Hay quienes lo viven como un momento de introspección, otros ven en estos días el ultimátum para hacer las cosas que no hicieron y desean cumplir. Hay quienes simplemente ignoran esta realidad. Y hay quienes se replantean sus metas con miedo e incertidumbre sobre un futuro que hoy se sabe incierto. Sea como sea, lo que es cierto es que es un reto: uno físico, mental, emocional, que nos invita a reconocer nuestra individualidad, a la vez que nos incita a reflexionar sobre nuestra vida en comunidad. En lo personal, me ha enfrentado nuevamente a la parte más oscura de mi, esa que quiere morir, desistir, dejar de existir y de sentir. Esa que llama a mi peor enemigo, crítico y juez: yo misma. Pero al mismo tiempo, me ha permitido ver, una vez más la luz a través de los ojos del amor y del abrazo del perdón para enseñarme otra vez que el amor lo puede todo. Y no me refiero a ese amor idealizado de cuentos de hadas falsas o de las series banales de televisión en las que he inmerso parte de mi día a día para escapar de las noticias pandemicas y endémicas. Me refiero a un amor que, si bien reconozco es mi mayor contención, pues como decía Audrey Hepburn: "nací con una enorme necesidad de afecto y una enorme necesidad de darlo"; es un amor que se sabe incondicional, único, casi maternal y verdadero. Es un amor que me reclama atención de la misma manera que yo lo pido a gritos silenciosos entre lágrimas. Un amor que sé ofrecer a muchos pero no recuerdo cómo darmelo a mi misma. Estamos en un encierro obligado; hace 3 meses que pasé por la misma situación y entonces reaprendí a caminar, a no perder el equilibrio, a confiar en cada paso dado y a recordar que en mis pies encontraría el soporte y apoyo que por meses sentía perdido. Hoy, este encierro me recuerda lo aprendido y a no perder mi camino. Me pide enfocarme nuevamente en las cosas y personas que me dan paz y tramquilidad. Me invita a reaprender a amarme, a saber estar profundamente conmigo y sobretodo, a agradecer todo esto que vivo, que respiro, que siento, que me hace arder el pecho en recuerdos de amigos que están lejos, a vivir lo bello de la nostalgia, a revivir los viajes para repasarlos y saborear los pasos dados por otros lados que hoy también se saben aislados. Es un amor que me reconecta con los míos, con mis abuelos, con mis ancestros. Con aquellos a quienes a veces doy por sentado y con quienes he puesto distancia, no siempre de la sana, hace ya tanto tiempo... Es un amor infantil porque me recuerda que la vida es un juego, no hay que tomarla tan en serio... Es un amor adolescente porque llora y es empalagoso y se rompe y no lo entiende. Es un amor maduro porque se acepta, porque se expande y se reparte. Es un amor del que aprendo de quien me enseña. Y que doy a brazos llenos y sin miramiento. "No salgan de casa" es la orden. Ve dentro de ti, ese es tu hogar: limpialo, cuídalo, no dejes entrar la toxicidad. Al parecer el virus se replica si hay contacto. Hoy entendí que el amor actúa de la misma manera. Cuando salgamos de casa... no, perdón, cuando salgamos de nosotros mismos, estoy segura de que seremos mejores personas, una comunidad más consciente y despierta a las necesidades del otro. Un mundo donde no se hable del amor, sino que se viva el amor. 

domingo, 29 de diciembre de 2019

Reflexiones y Conclusiones...

dije acero quirúrgico huellas de bebe pies manos con cadena
"Conclusión es el lugar a donde llegas cansado de pensar". Anónimo.


Hace meses que no escribo. Este año ni siquiera lo hice por mi cumpleaños. No realicé mi reflexión correspondiente, más sí hice un alto en el camino. Veamos, este año "da para mucho" así que hagamos un recuento breve:
- Tengo un trabajo hasta cierto punto estable. Me gusta, lo disfruto, aprendo cada día como persona y profesional, más muchas veces siento ir contra corriente. Esa constante sensación de no encajar, de no querer estar...a veces es muy fuerte para querer claudicar.
- Ese vacío interior me ha llevado al borde de mis pensamientos más obscuros, al límite de la tristeza y soledad donde sé que la linea es muy delgada para decidir saltar o seguir ahí, en el margen de mi misma y de lo que sé, soy capaz de hacer. Finalmente, todo está planeado hace tiempo: la dosis, el lugar, la forma... todo, menos la hora. 
- Cada cumpleaños me atrapa un "obscurus", esa energía negra y reprimida que me inquieta y me llama a no celebrar nada, pues nada he hecho que sea digno de ser celebrado. Sin embargo, mi gusto por los pasteles y su dulce sabor es lo que me hace apagar las velitas un año más y con orgullo quizás, agradecer que puedo de alguna manera, festejar. Y me refiero al orgullo como ausencia de sencillez.
- Este año conocí el valor y significado de la lealtad. Y me descubrí vulnerable, rota, y perdida en llanto por amistades que mostraron ser de otro color. Por personas que ya sabía eran así, y aún les permití estar en mi vida para hacerme daño. Y a pesar de todo, decidí firmar la paz. 
- Porque me he dado cuenta de que tengo problemas con la autoridad, pero se me dificulta pelear con un igual. Me sé superior a cualquiera (esa es la verdad), pero saber que no tienen honor para cumplir su palabra y pagar una deuda, ese tipo de personas sí me aterra. Y qué bueno que mejor se alejan. Se borran y simplemente: ya no cuentan.
- Aprendí que no puedes forzar nada, ni las cosas que se dicen como promesa, ni cómo las deben obedecer, ni mucho menos forzar a quererte a pesar de todo lo que das y sigues dando y siempre estás. Las personas padecen de una ceguera que les impide ver para agradecer pero no para disfrutar de lo que obtuvieron de ti.
- Y así como hay quienes no van a estar, también lo están quienes ya no quiero más en mi vida. Decir no. Alejarte. Poner distancia... es de las cosas más dolorosas pero más útiles, sobretodo si de tu misma sangre se trata. Sin embargo, si lo logré o lo he logrado, ¿quién me puede detener de mandar lejos a cualquier otro patán?. "No es no. Mi cuerpo, mis decisiones." Fue la frase de protesta del año, y créanme, aplica para cualquier cualquiera que se quiera pasar... (aquí no hay otros datos). Porque hay muchos tipos de violencia, e insisto: No es No. Y no permitiré que un escuincle crecido y "mamimado" me siga lastimando.
- Entonces, hice un alto necesario. Un aterrizaje forzoso cuya caída desearía hubiera sido desde más alto. Verán, tengo pies trotamundos desde bebé, unos pies que se alzaban en vuelo al estar en mi carreola después de tomar impulso. Unos pies que vaya que han viajado. Unos pies que intentan dejar huella pisando fuerte, pero sólo se doblegan. He contado las veces que he tenido alguna lesión, esguince, torcedura, yeso, férula o fractura; muletas, sillas, tobilleras, bastón. ¡Toda la bendita tienda ortopédica!. De verdad que, ¡qué malos pasos!. Ahora en reposo post-cirugía, vendados, con un par de molestas grapitas, y aún así, mi base se siente débil y endeble. Honestamente, con mucho miedo a volver a empezar a caminar. Díganme, ¿qué se hace en ese caso?
-  Es el fin de un año y también de una década, incontables pensamientos suicidas no superados, miedos de crecer agrandados, y una soledad ya de más asumida y conocida, y que además, a los 33 deja de ser graciosa, y comienza a sentirse ridícula pues escucho comentarios como "frígida" y "aburrida" que sólo al desasosiego dan cabida.
- 2020 y los pronósticos del futuro (a nivel mundial), no son precisamente optimistas. Y a nivel personal, y a pesar de las listas con propósitos y metas, pues, ¿qué vale soñar?, no vaticino tampoco un porvenir positivo, sino como aquel en el que ¡por fin claudico!.
Seamos realistas: de los 20's a los 30's no hubo precisamente grandes cambios. El enojo, la pena, la frustración, la tristeza, la rabia son más constantes que cualquier pequeño gozo que a veces en mi rostro esbozo.
Siendo francos, ya saben lo que pienso y lo que anhelo. ¿Por qué no hacerlo?... Por el miedo al desacierto.
Y por cierto, felices fiestas. Por un 2020 de más conclusiones y menos reflexiones... (;)


martes, 27 de agosto de 2019

Ventanas...

"A veces, hasta que no abres la ventana; no te das cuenta de hasta qué punto te estabas asfixiando".

Por Mireya Cerrillo. 

He visto pasar mis sueños entre las nubes colgadas del cielo, los he reconocido saltar en turbulencia por esa pequeña ventana de un avión que me llevó y me trajo de un lado al otro del Atlántico.

He visto en mil paisajes de colores y días lluviosos y grises los cambios de estación, ese salto de andén en andén. Ese tren en el que me perdí y viajé. Esas vias que me llevaron a un destino en lo más recóndito de mí.

Me he asomado por la ventana de mi recámara para descubrir el imponente volcán y a su amada, para ver si están nevados o cenizos por el transitar de un amor pasado. Esta es mi rutina de cada mañana.

He sentido miedo al conducir con la ventana abajo... Sin embargo, viajo con el viento pegándome en la cara. Así despierto. Así siento. Así viva me mantengo.

Me despedi tantas veces de los míos desde la ventana de un autobús. Ese que me llevó con nostalgia y me devolvía con emoción a una patria que añoraba, y al hogar que lejos yo formaba.

Si soy el conductor, miro al frente sin distracciones. Más si soy el copiloto me ausento en mi propio reflejo en la ventana del pasajero. Me giro y me volteo para evadir una realidad que no merezco cuando me enfurezco.

La vida es un viaje, eso lo sé. Y he abierto ventanas para descubrir y conocer. Y sentir brisas nuevas. Sin embargo, hay una cristalera que se ha mantenido cerrada: la ventana de mi alma.
Tardé mucho en reconocerla para comenzar a limpiarla. Quizá demore más en abrirla, pues siento que ha sido forzada y violentada. Después de todo, es un frágil cristal que se deja entrever en mi mirada. Un tragaluz donde lo que resguardo es delicado y fugaz como el tiempo.

¿Me atreveré a mirar sin desdén los paisajes de luz de mi alma? ¿Seré capaz de ver a través de la niebla que me ciega y me atrapa?

La verdad es: que nadie ha llegado tan lejos. Nadie ha sido capaz de abrir un poco la persiana.

Y hoy me encuentro con el cristal resquebrajado, tratando de decidir si lo reparo o lo cambio. Es escalofriante la idea de cortarse, más también es reconfortante el pensamiento que me invade.  Quizá sea momento de abrir por completo, sin miedo y sin miramiento; con toda cautela y sin pena esa pequeña ventana que ofrece una nueva mirada, otra perspectiva de todos los viajes, paisajes y paradas que hoy sacuden y se hacen presentes en el mirador de mi alma.


sábado, 16 de marzo de 2019

Prometo...


"Que hemos crecido peleando y sin quererlo nos gustamos.. " Pablo Alboran.

Una vez más "desnuda contigo, curando el amor, rompiendo el reloj, a golpe de calor y frio" ... Así canta nuestra canción en la radio mientras nos encontramos de nuevo en ese sublime cobijo que nos hemos construido en la habitación de aquel motel sobre la carretera donde entre sabanas ajenas y caricias plenas, me abrazas y me haces tuya tras un combate de besos sin amarres y de hacer de tu cuerpo un lienzo para hacer de colores tus lunares... Parece una mentira de verdad. Lloro en silencio por el desconcierto, y me dices: "somos novios", recuerda ese pacto: "tú y yo y nadie más", sin que nadie lo sepa. Y "porque soy idiota", acepto vivir en secreto pretendiendo saber que esta vez, saldremos ilesos del inminente desastre... Y la canción, esa nuestra canción, se repite una y otra vez como insistiendo y haciendo eco: "Prometo que no pasarán los años. Arrancaré del calendario las despedidas grises. (Y me cantas al oído y yo en la letra te sigo:) Los días más felices no han llegado (insisto) Te prometo olvidar mis cicatrices y devolver lo que he robado a tus dos ojos tristes..." (Y a unísona voz cantamos: "Te prometo que nos mudaremos pronto del fracaso y desconcierto a la calle del silencio. Te prometo que vamos a volvernos eternos..." (Quizá esa es la única verdad) Noto una lágrima en tu mirada porque me has visto llorar abrazada a ti mientras duermes... Dejas besos en mi frente, cabello, labios y cuello y de repente pareciera que se congela el tiempo y yo sólo te pido: "permíteme ser tu refugio"... Y entonces recuerdo lo rotos que estamos, que jugamos como niños, que quisieramos ser felices sin recordar las cicatrices... y sobretodo, que quien realmente busca un abrigo en ti, soy yo... Hemos hablado, compartido secretos y deseos, risas y bromas, y también una que otra herida del ayer que nos impide crecer... Nos limpiamos el sudor del amor y me viene al alma y el cuerpo todo aquello que nadie más sabe... Y vuelvo a la canción para decirte: "si te atreves, no me sueltes"... pero sé que no hay herida que sane sin decir adiós y que como tú, yo también se mentir por la mañana... 

jueves, 24 de enero de 2019

Verum et falsum...


"El secreto es la madre de todas las mentiras."

Por Mireya Cerrillo.


Me perdí en los recovecos de lo ajeno y me encontré en las profundidades más oscuras de mi ser.
Me senté a reflexionar por un momento y no distinguí la magnitud del acto de traición y rebeldía.
Intenté convencerme de lo contrario y hacer eco a mi propia promesa, pero ya llevaba en la presunta inocencia, la "otra" etiqueta. Más después de meditarlo con enfado, simplemente decidí tomarlo. Recaí y mentí. 
Es muy difícil aceptar que estoy dañada y hecha pedazos. Que me asusta mi capacidad de diálogo y atemoriza la carencia de pesar... ¿De todo esto soy capaz? De eso y más.
Hoy más que nunca tengo miedo de mí, del estrago y desperfecto que soy y represento. De todo esto que callo y me mata por dentro.
Es complicado sonreír y pretender cuando una vez más, mi alma sólo quiere fenecer. Fallé, lo sé.
Trato de ignorar estos pensamientos y los logro evadir mientras me ausento...
Entonces me dejo llevar por las olas, me permito mimar por el sol, y me hundo en la arena y en su sal. En esa que he llorado, que se ha quedado en mi piel y he dejado en otro mar.
Me he bañado en el océano y purificado con su luz. He renacido. Incluso he rezado. 
He visto la luna azul en lunes, y roja y ardiente en miércoles.
Pero no es suficiente...
Me voy a otros mundos porque no quiero estar en este: leo, escribo... Me ausento y se que no soy yo ni por un ápice.
Intenté hablarte tantas veces y sólo me topé con oídos sordos, egoístas y necios.
Sin embargo, me corrompí una vez más al verte y me duele reconocer que una caricia no desaparece de la memoria del cuerpo, que un beso no se desvanece con el tiempo, y que un abrazo me ha hecho olvidar todo el daño.
Y si bien te quiero... mejor me alejo. Me acercas, me besas la frente como nunca, me abrazas para darme consuelo... Y yo, no entiendo.
Te busco, y como siempre, como antes, no contestas, te escondes y me ahuyentas.
Mas te veo y reconozco que es muy frágil lo vivido. Hay algo deleznable...casi deseable, pero indigno.
Me reencontré con mi verdad en aquella confesión a medias, y con tus mentiras en esas realidades que inventas.
Dejé mi confesión para luego... aunque mis ojos gritaran evidencia más allá de lo que sentencio.
Quise revirar el camino: correr, alejarme, esconderme o mejor aún, poder decir: no puedo, no quise, lo siento. Pero no puedo emitir sonido.
Lo acepto, no comprendo, y no quiero nada más que el exilio del olvido a todo lo vivido. 
Ausentarme de mí. No estar aquí. Esto es autenticidad. Esta es mi única verdad.
Evito mi reflejo en el espejo porque me asumo sola, incomprensible, oculta y enmudecida.
Toda una imperdonable falsedad.
Y hacía tiempo que no escribía, que no leía, que no me identificaba con mis letras.
Porque se que aquí, así, sólo así soy y permanezco y soy dueña de lo efímero y de lo eterno.
Aquí soy fiel y real aunque me leas embustera.

miércoles, 9 de enero de 2019

"A woman to love..."

"No soy una mujer. Soy una fuerza de la naturaleza."

Por Mireya Cerrillo.


Hace meses pienso en cosas relacionadas con el empoderamiento de la mujer, eso sin llegar al feminismo, creí. Pero no hay manera de ser feminista sin considerar que empoderarse es justo eso: pedir reconocimiento a lo que se sabe y se es siendo mujer.

Así empiezo el año, con esta frase en mi cabeza como un taladro, pues hace meses que me siento así: "Im not a woman to love". Lo pongo en inglés porque en español no tiene sentido. Pero vamos a diseccionar la frase: "A woman to love" (una mujer adorable, una mujer digna de ser amada...Les digo que no me gusta la traducción).
Pero así me siento: Una mujer que a pesar de ser una fuerte, es demasiado inteligente para ser amada. 
Demasiado preparada para un trabajo "remuneradamente decente". 
Demasiado "abierta de mente" para este mundo cada vez más cerrado. 
Demasiado "masculina" a veces porque digo groserías o uso pantalones, o demasiado "femenina" porque me gustan los tonos pastel, me pinto las uñas y a la vez escribo poesías.
En pocas palabras. "I'm too much..." (soy demasiado).
Too much too handle (demasiado para poder ser controlada), pues que creen: I'm too much to care (but I do care)
Me importa no por ser hombre o mujer. Simplemente porque soy un sensible ser humano y punto.

Estoy enojada y mucho, porque "saber", "conocer", "estudiar", no tiene valor. La sociedad me ha enseñado que no es importante. Y más triste aún, me lo ha demostrado una y otra vez... tantas veces que comienzo a querer ser una versión más estúpida.
Que mejor una mente "mediocre" a una mente "brillante".
Que deje de mandar y que mejor sea sumisa y haga lo que se espera de mí. 
Que busque una pareja estable (Pregunta seria: ¿existe tal cosa?.) Que me case y tenga hijos. ¡HIJOS! Por DIOS... si apenas puedo cuidarme a mí misma y piensan que por tener vientre debo ser una fábrica que traiga niños a este mundo... ¿Para qué? ¿Para venderles la misma historia de que las niñas van de rosa y los niños de azul?, ¿Que tienen que estudiar para ser alguien en la vida?, y que la vida, es eso que pasa mientras estamos ocupados haciendo planes... o en mi caso: buscando trabajo. ¡Qué cansado! y ¡Qué verdadero fastidio!.
Que deje de pretender querer ser algo que no soy. 
Pero si sólo quiero que me dejen ser YO. Así, plena a ratos, y otros a pedazos.
Con mis certezas y mis miedos, y mis rizos despeinados.
Que deje de intentar crecer porque esto es lo más lejos que llegarás. (¿es neta?)
Por decir lo que pienso es que dicen que tengo: "problemas con la autoridad".... "que soy  una mala influencia"... y por eso: PUM! Se esfuman y se alejan. Se van las personas, los amigos y parejas. Se van los trabajos por horas o por quincena. Se van los proyectos que no se concretan. Y se van las esperanzas...una meta en cada maleta.
Y es que siento que soy TANTO que al final soy NADA.

En la película Something's gotta give, ("Cuando menos te lo esperas".)
Harry le dice a Erica: (roles interpretados por Jack Nicholson y Diane Keaton respectivamente)

"Erica. You are a woman to love."
A lo cual Erica se queda pensando: 
"You are... You are a woman to love. What the hell does that mean?

Sí, coincido... ¿qué demonios significa eso?

Una mujer admirable y adorable más indigna de que me amen porque me han hecho sentir que tener expectativas altas es algo irreal e inconcebible.
Metas altas en el amor: No existe.
Metas altas en el trabajo: No existe.
Metas altas en mi salud mental: Mucho menos existe.

Mireya, que sepas: "You are a woman to love". "Not to be loved"...Y con eso confórmate.

Y eso, me hace pensar constantemente en querer desaparecer... porque nada más triste que saber que no tienes un lugar en este mundo.


jueves, 1 de noviembre de 2018

Conversación breve con la muerte...


Por Mireya Cerrillo.

 “Cuando mi voz se calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando” Tagore



Estaba oscuro y la luna brillaba como nunca.
Era noche de brujas y hacía un raro calor frío en el ambiente.
Ella no podía conciliar el sueño de pensar en los no presentes, 
así que decidió hablar con la muerte.

Hola le dije, amigablemente y como siempre.
Hoy otra vez la pienso y lamento a aquellos en silencio y ausentes.
¿a los enterrados te refieres?
No, a los vivos que se alejan. 
A los del medio que nos apagamos y a un rayo de luz queremos colgarnos,
y a los que se aferran a su lecho por miedo al desasosiego.

Sabes, hoy sólo quería verte y platicarte:
Darte un mensaje para mis ancestros y sobretodo,
rogarte que un motivo me des para quedarme.

“El sinsentido es lo que te mueve”.
Pero, ¿qué hago con estos sentimientos?:
Es que lo pienso y lo echo de menos.
De verdad la extraño y necesito.
Insistí tanto en ser recuerdo, que me convertí en olvido.

¿Cómo me acostumbro al olvido?
¿A la quimera del exilio?
¿A la memoria ingrata que busca refugio y asilo?
¿Cómo deshago lo dicho, lo sentido y lo vivido?
¿Cómo desahogo mi llanto dentro de los límites de lo permitido?

“Con el perdón, la distancia y el silencio”
¿Pero, que no es cuestión de tiempo para recuperar lo perdido?
No lo sé, de verdad no lo entiendo.
Todos tenemos nuestras batallas y desesperanzas, 
Y siempre creí que esos momentos eran mejor compartidos...
Pero ahora, veo individuos y soledades, y diálogos rotos consigo mismos...
Que me da temor ser plegaria, la llamada Santa Muerte...

Debo dejarte... Esta noche libero a las almas de los buenos,
los malos se me escapan y debo controlarlos.
Gracias por la escucha y el consejo.
Espero reencontrarte en el Valle de los Muertos...