lunes, 2 de julio de 2018

Edicius...

"Los ángeles pueden volar: ella saltó y voló."

Por Mireya Cerrillo.

Me estoy apagando poco a poco y nadie lo ha notado.
Como una vela que ha perdido su luz, ya todo ha cambiado.
Veo la belleza del fuego en un tono azulado.
A tu lado no estoy y un anhelo más se ha disipado.

Estoy sola, lo he asumido y lo he decidido.
Me ahogo en llanto, pero ya no hay más por hacer.
Es un sollozo sin lágrimas, es un nudo constante en la garganta.
Sí, ¡me he dejado vencer!.
¡Ya no quiero querer!
¡No puedo así estar y mucho menos ser!

Ya no hay mano amiga, ni oído escucha,
nada ni nadie me ata ni me detiene.
Nada vale. Es mi batalla y he decidido perder.
He desertado. No daré más pelea ni lucha.
Estoy harta de contra mi misma contender.

He dicho todo lo que quería,
y lo demás: seguro lo he escrito.
Mi alma brillante y sombría
ha exclamado el último grito.
Y me siento en paz, estoy tranquila.

Me estoy extinguiendo tan lentamente, 
me he abandonado a los brazos de la muerte,
¡Bendita mi suerte! ¡Abrázame y no me sueltes!
No duele y nadie lo advierte.
Muerta en vida: soy un fantasma que no siente.

A ti quisiera sacarte de mi mente,
si acaso perdonarte y mejor aún: olvidarte.
No haberte conocido y así antes
haber fenecido. 
Eras un pretexto, jamás fuiste un motivo.
Una sinrazón para el olvido y el exilio. 
La quimera que no reconcilio.

Lo admito: la vida no es para mi.
Esta no, quizá en otra sea más fuerte.
Esta, simplemente no me gusta ni me parece.
Dirán que fui cobarde y que huí.
Mas me sé valiente: de haber amado,
y orgullosa de mi viaje que doy por terminado.

¡Cobarde tú! ¡Cobardes Ustedes!
Por no haberme amado, 
por haberme desperdiciado.
Porque no hay nada peor que un talento desaprovechado,
que un amor malbaratado,
que una mujer con un pábilo malgastado.

Y si quieren saber realmente: ¿por qué me voy?
Aludidos no se sientan. No existen nombres ni apellidos.
Sólo mil y un sin motivos,
pues para desistir no hay culpables.
Sólo yo y mis dudas y demonios.
Mi cabeza con sus ideas
y un constante adiós que hoy es definitivo.

No hay más cartas de despedida,
no habrá dramas cortavenas,
sólo un apacible sueño infinito.
Déjenme descansar les pido.
Permítanme volar con estas mis alas 
y ser parte del divino viento.

Soy un instante.
Soy un soplo.
Una efímera sonrisa 
que se quedará contigo
si tú quieres.
En esa brillante estrella,
en el conejo de la luna,
en la bóveda celeste,
en una cornisa del universo.

En mis letras,
en un beso,
un abrazo,
una palabra,
un poema,
ahí me quedo.
¡Así permanezco!.

Sonríe, vive y déjame ir...
Porque así lo he decidido,
y rota y fastididida:
edicius...