martes, 30 de septiembre de 2014

Nada importa...

“Nada importa morir. Pero no vivir es horrible” Víctor Hugo.

Por Mireya Cerrillo.

Ya no escribe cosas alegres. Escribe cosas tristes pues su sonrisa se la borró la desilusión.
Ya no escribe del amor, pues no hay fantasía que contar.
Ya no escribe de la vida, pues no hay razón por la cual respirar.
Ya no escribe sus aventuras, pues no sabe quién las leerá.
Ya no escribe cosas bellas. Tristezas y nada más.
Ya no escribe del paisaje ni de su último viaje. Sólo escribe de la muerte, ¡qué ultraje!.
Pero al menos aún escribe.
Escribe una oda a la nostalgia y un poema a la melancolía.
Describe sus lágrimas y sus morriñas.
Le cuenta al mundo sus desesperanzas.
Llora en silencio su soledad y acalla su alma frustrada.
Así es la tristeza, el camino más corto a la renuncia.
Y ella renunció a escribir de cosas sublimes.
Si pudiera apagar su vida con un botón… o si pudiera.
Nada importa. Hace mucho que lo sabe.
No merece la pena sufrir, hace poco que lo descubrió.
¡Qué pena! ¡Qué pena penita pena!
 

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