jueves, 14 de noviembre de 2013

El holandés errante...


"Yo soy el mar, capitán y puerto..."
Por Mireya Cerrillo.

Cuenta la leyenda sobre un barco fantasma condenado a vagar por la eternidad por los océanos del mundo. Según la tradición, se trataba de un capitán de un barco holandés que hizo un pacto con el diablo para poder surcar los mares sin problema. En castigo por desafiar los retos que le pusiera Dios, éste lo condena a navegar eternamente sin rumbo y sin tocar tierra.

Famoso en la ópera de Wagner, El holandés errante es perseguido por una maldición, y sólo cada siete años tiene la posibilidad de bajar a tierra en busca de un amor puro que lo salve con la muerte.

Eso cuenta la historia, eso dice el arte... Que ante la maldición, la redención a través del amor y el deseo de muerte son la única certeza interior de salvación.

La realidad es otra...el holandés se encuentra fijo, quizás aún sin rumbo claro. La errante sin embargo soy yo, busco navegar otros mares y cruzar otras fronteras. Como en la obra, él se encuentra atormentado, con un lado oscuro y ella es la mujer acogedora, que se enamora y que pide no dude de su lealtad. Quizás los dos lamentan este fortuito destino, y ante los ocasionales fantasmas se retiran atemorizados y reina el silencio entre los dos.

La música que nos acompaña es como en la ópera: impetuosa y llena de vida, va resplandeciendo algo pero con una luz espectral, aún etérea pero ya visible.

Tremenda travesía esta que emprendimos cuando surcamos diferentes mares. Aún sin tocar tierra, condenados a la deriva para aprender, entender y conocer. Quizás sea como la leyenda, y sólo cada determinado tiempo logremos tocar puerto... pero la posibilidad de redención existe.

El cabo de buena esperanza y de la fe y del destino quizás sea el lugar donde se redima esta condena. ¿Regresará el misterioso extranjero que se la llevará consigo al mar?... Drama romántico como en la ópera y como la vida misma.

Es cierto, la vida es un teatro y muchos son los personajes que forman parte de ella. ¡Qué orgulloso es el océano!, que no acorta la distancia y que lo hace todo fantasmal, quimérico, de ensueño y de una vaga y lejana realidad.

¿Invoquemos al destino?. ¡Provoquemos a la mar!... Tanto en la obra de Wagner como en esta leyenda existe una trama interesante, destaca la sinceridad de los personajes e inspira la música que la anima.

Quizás de momento, Wagner sea mejor, Daland y Senda ya son leyenda. Aquí, la cuestión permanece, ¿en cuántos actos se escribirá esta obra?... Dejemos simplemente que transcurra la acción.


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