domingo, 18 de mayo de 2014

El baúl de mis recuerdos...

¿Cuántas cosas esconde en su baúl la princesa que no a todos enseña?

Por Mireya Cerrillo.

Era una tarde de Septiembre
días antes de mi cumpleaños,
comencé a recordar, no como siempre,
mis momentos vividos, mis peores y mejores años.

Abrí mi corazón y mi mente,
desempolvé el baúl de mis recuerdos,
y dije: a ver qué se siente,
recordar mis logros, mis fracasos.

Las alegrías y tristezas llegaron,
carcajadas y llantos sonaron.
Mis padres y hermanos me acompañaron
y juntos recordamos mis primeros años.

Todos, anécdotas me contaron
recordándome siempre como una niña sonriente, inquieta y feliz,
de mis primeros pasos y días de escuela me platicaron,
pero al notar que el tiempo había pasado, más ya no pudieron seguir.

De mi: mis memorias eran otras.
Una niña con sus primeras nostalgias,
con una tristeza que no endendía
y que hoy son poesía y estrofas.

De la carreola: al triciclo y bicicleta,
de los crayones: a los colores y la tinta,
esta niña no se puede estar quieta
porque ella sola con colores que le den vida se pinta.

Crecí, viajé, huí, me perdí y me reencontré.
Dentro y fuera de mi país continuamente me busqué.
Si me gustó lo que hallé, no lo sé.
Existir y descubrir es un viaje constante para ser.

Ahora sé quién soy, quizás, tal vez a eso regresé.
Pero es en la ausencia y en la distancia, que todo tiene una mejor fragancia.
Aquí estoy. Queriendo volar otra vez. 
Recordando con añoranza mis viejas andanzas.

El baúl rescaté.
De la memoria avivé:
el sutil suspiro de un adiós,
el inútil intento de ser dos.

Cartas de amor: mi mayor ilusión.
Cartas de amistad: qué gran sabor.
Cartas de los que ya no están: qué dolor.
Todas son cartas que surgen del corazón.

Encontré palabras de un pasado ilusionado
guardadas en sobres de color.
Todo lo dicho y lo jamás nombrado
permaneció escondido con temor.

Confió en que tendré tiempo de decírtelo.
Pero ya lo sabes amor mío:
somos una broma del destino,
un breve trino lleno de brío.

Me dedico a escribir aunque quizás no todos me lean.
Me dedico a pensar sabiendo que esto que siento y soy, pocos lo entiendan.
Continúo extrañando las cosas de fuera,
Y echo de menos lo que ya no es y quizás sea..

Así es la vida, así es el amor.
Un juego en el que hay un perdedor.
Así es la tristeza, llena de dolor.
Así la alegría, algo que expreso como buen actor.

Cuántas memorias de un pasado hecho añicos.
Cuántas evocaciones de un presente en pedacitos.
Cuánto pegamento escondido en los recovecos
en las heridas de un futuro que aún no comprendo.
Por eso hay tanto que guardo en mi baúl del tiempo.

 El baúl sigue acumulando mil cosas preciadas.
Se vacía con cada historia que siento perdida.
Brilla cuando se abre para enseñar sus secretos.
Se empolva cuando se cierra guardando lamentos.

Es un cofre con mis tesoros:
cartas, rosas y fotos.
Es de madera, papel y polvo.
Su llave de mi corazón es el cerrojo.
  
Y así, a la luz de una gran estrella,
 cerré el baúl de mis recuerdos,
dejando en todos aquellos
la brillante estela de todo lo que es y pretende ser ella.

Pues hay cosas que sólo para mí guardo.
Otras que sólo con unos cuantos comparto.
Algunas siguen siendo un misterio.
Algo íntimo y profundo: algo que no a todos muestro.





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