viernes, 2 de mayo de 2014

Expatriate… (del latín que significa “fuera de patria”)

"Eres un expatriado. Has perdido el contacto con la tierra. Te has vuelto cursi. El falso estilo de vida europeo te ha llevado a la ruina moral. Te matas bebiendo. Estás obsesionado por el sexo. Te pasas el tiempo hablando y sin dar golpe. Eres un expatriado. ¿Lo ves? Te pasas la vida yendo de un café a otro"
Ernest Hemingway en "Fiesta", escritor que formaba parte de la Generación Perdida.

Por Mireya Cerrillo.
                                                                                                                               
La patria es la tierra natal que nos da un sentido de pertenencia a una nación, es el lugar al cual nos sentimos ligados legal, histórica y afectivamente. La contraparte es expatriarse, exiliarse a sí mismo para vivir en el extranjero, fuera de la patria, salir y abandonar, perder quizás eso que te hace parte de un pueblo.
Una vez emigré como estudiante, viajé y conocí otros rincones que escondían la magia de lo absurdo y en ocasiones de lo ajeno que se sentía como propio. Aunque extranjera, no me sentía fuera de lugar. Cinco años después regresé y entonces experimenté la dura vuelta a casa, mis ilusiones caídas y un choque cultural contradictorio. Mis recuerdos parecían venir de otra memoria, las cosas eran sólo una remembranza idealizada. Tan llena de nostalgia como de indiferencia, no volví a ser la misma, nada volvió a ser igual. Se perdió la familiaridad que añoraba de tanto extrañar a los míos.
He decidido expatriarme, irme por elección, no tolero más el sentimiento de ser foránea en mi propia tierra. Ya no me siento refugiada, sino expuesta e incluso desamparada. Prefiero el exilio y enajenación a la desnaturalización en la ciudad que me vio nacer.
Sin embargo, México siempre será mi raíz, el lugar de donde vengo, los aromas y sabores que viven permanentemente en el escondrijo de mi alma como evocaciones tardías, vacías y plenas de alegría.
Vivo ausente en esta tierra, errante y presente por el mundo, pero soy yo quien elige el rumbo. No sé si volver significó perderme, o reencontrarme con la que fui, la que soy y la que seré.
La vida es sueño dicen, y yo tiendo a vivir despierta en profunda quimera, escribiendo así voy fluyendo. No quiero vivir más de espejismos, quiero vivir otras realidades, vivir hasta morir, o morir viviendo.
Mi tipo de sangre es de aquí y de todas partes, soy cultura y tradición de ésta mi nación. ¿Se considerará irme un acto de traición, una pérdida de lealtad? Seguirá siendo mi integridad la que dé respuesta a tal inquietud.
Está claro: soy viajera, pasajera, caminante, polvo de estrellas de tantas batallas y guerras: foráneas e internas. Soy la que canturrea cuando mi sentir solloza, y la que desesperada sonríe cuando la pena me ahoga.
Soy navegante que se pierde entre la brújula de lo que dicta mi razón y lo que aclama mi corazón. He perdido el timón a ratos, pero al ritmo del mar y con los astros como guía soy amiga de lo sublime y de lo cotidiano, de lo que me hace ir, volver, regresar y también escabullirme.
Hace no sé cuánto tiempo ya que echo de menos los lugares que he visitado y a los amigos que he dejado en otros varios, tantos lados. Pero esta tierra mexicana de mi corazón y de mi alma hace que a donde yo vaya, ella esté en mi pensamiento haciéndome con su mariachi su esclava y con su tequila una tertulia en vigilia.
Siento, pienso, y sólo digo “Popocatépetl”, mi volcán querido que explota e irradia mi ser y toda mi persona con la euforia del eufemismo de “mandar todo a la chingada”.
En este bendito suelo hay alguien que por mi suspira aunque sea desde el cielo, Querido abuelito: miro a mi alrededor y sólo veo el dolor de un pueblo tan lleno de miedo y fervientes de un credo que yo no profeso. Cuanto lo siento, pero más lamento vivir en vedo.
Por eso y más emprendo el vuelo, sin filtro a lo que pienso y siento emprendo un viaje sin regreso, pues aunque a veces eche de menos, yo valgo más como para vivir con frenos que en mí sólo causan estruendo.
Pues después de todo, ya lo decía Pedro Calderón de la Barca:
¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión,una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”


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